Opinion
Mi ventana óptica – De 1453 a 2026
¿Repitiéndose la historia? En 1453, el Imperio Otomano cerró el paso oceánico a Europa hacia el Asia, donde compraban especias, lo que conocemos como la Ruta de la Seda, un hecho que produjo el “Descubrimiento de América”. Fue lo que los estrategas del presidente Trump debieron analizar mejor antes del conflicto con Irán, por los intereses que esto envuelve para Occidente y el Estrecho de Ormuz, con consecuencias adversas para la economía mundial. En el siglo XV, las necesidades eran adquirir especias y otros productos, pero hoy estamos ante el comercio que mueve la modernidad, la energía, tecnología, rutas marítimas, precios, alianzas, paralelismos válidos para la analogía histórica.
La conquista de Constantinopla, simplemente “cerró rutas”; pero el comercio veneciano continuó y las rutas euroasiáticas no desaparecieron y esto hace que la comparación sea, paradójicamente, más interesante. ¿Estaremos nuevamente ante la alteración de las rutas estratégicas del comercio en el siglo XXI? El poder de un imperio no se mide solamente por el territorio ocupado, sino por su capacidad para controlar los caminos que conectan al mundo y el desafiante Irán complica el poderío estadounidense.
El Imperio Otomano se convirtió en la gran potencia del Mediterráneo oriental, aunque USA ocupa una posición diferente, basada menos en la conquista territorial directa, sino en una combinación de poder militar, financiero, tecnológico, comercial y marítimo. ¿Qué sucede cuando una potencia controla o condiciona los puntos estratégicos del comercio? Es comparable a la Constantinopla de 1453 al Estrecho de Ormuz de 2026, un acontecimiento que significó mucho más que la caída de una ciudad, pues Constantinopla era punto de encuentro entre Europa y Asia, entre el Mediterráneo y el Mar Negro, y entre diferentes sistemas comerciales, políticos y culturales.
Eso transformó profundamente la posición otomana en el Mediterráneo oriental y estudios recientes muestran que Venecia, por ejemplo, tuvo que replantear su política comercial, diplomática y militar frente al nuevo poder otomano; aunque los europeos continuaron comerciando con el régimen otomano, demostrando que la relación económica con Venecia era importante antes de ese acontecimiento.
Cuando una ruta fundamental se vuelve difícil, más costosa o vulnerable, las sociedades comerciales comienzan a buscar alternativas y pudiera ser la oportunidad para Los Estados Unidos y Occidente cuando los ataques y restricciones al tráfico marítimo han reducido grandemente los movimientos por Ormuz, mientras productores y comerciantes han recurrido a rutas alternativas, transferencias entre buques y otras formas de logística para mantener los suministros; pues no es solamente que sube el petróleo, sino que encarece todo como ya lo estamos viendo.
Europa tenía una fuerte dependencia de las rutas comerciales que conectaban el Mediterráneo con Asia, como en el siglo XXI, la economía mundial tiene una enorme dependencia de determinadas rutas marítimas, puertos, estrechos, oleoductos, cables submarinos y sistemas financieros. La diferencia es, que hoy no buscamos especias, sino petróleo, gas, minerales, semiconductores, datos y energía.
Terminada la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos ayudó a construir un orden internacional, basado en instituciones, alianzas militares, comercio internacional, mercados financieros y una moneda central para las transacciones internacionales y se discute, si es más apropiado llamar eso “imperio” o “hegemonía”. Robert Keohane, advertía que llamar “imperio” al poder estadounidense sería ocultar las diferencias fundamentales entre su forma de dominación y los imperios territoriales clásicos.
Pero USA, posee la capacidad para proyectar poder mucho más allá de sus fronteras. El dólar convertido en principal moneda de reserva internacional y diversos estudios han analizado precisamente cómo ese papel le proporciona una forma de poder hegemónico, que no necesita conquistar una ciudad para ejercer poder sobre ella.
Si Ormuz, permanece vulnerable por años, el mundo podrá construir alternativas para mantener funcionando la economía mundial, sin depender de los puntos estratégicos controlados por regímenes conflictivos. Entre ambos hechos hay más de quinientos años y tienen similitudes, porque quien controla las rutas, controla al mundo y quien crea nuevas rutas, puede cambiarlo todo.
Por Alejandro Almánzar
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