Opinion
Mi ventana óptica – Cuando el abandono nos moldea
Los dominicanos hemos vivido crímenes dolorosos, ejemplo, el niño Llenas Aybar, Emely Peguero y ahora Yosnely Álvarez, esta última con 13 añitos, muerta violentamente, aunque todavía desconocemos la causa real. Expongo esto, para referirme a Christa Pike que, con una infancia horrible agredió a la misma sociedad que le dio la espalda durante una tormentosa niñez, que luego la llevaría al Corredor de la Muerte.
En el caso Emely, desamparo no sería la causa, porque por lo visto, tenía padres que les proporcionaron amor y cuidado, diferente a las últimas dos, que sufrieron abandono y explotación siendo menores. Por eso, más allá de los titulares de prensa, ante el hecho estremecedor cometido, prefiero enfocarme, en qué lo originó, cuáles causas convirtieron a esa persona en lo que terminó, pues los hechos del presente son la radiografía del pasado.
Analizar la salud mental, responsabilidad estatal y, aunque muchos creen que defendemos al delincuente por rechazar sus ejecuciones, por el contrario, sólo pedimos que se ataque el mal que genera la delincuencia. Christa Pike, su nombre está asociado a uno de los crímenes más atroces en USA, pero detrás de su condenada estuvo el abandono, la violencia y carencias afectivas, elementos fundamentales para caer en la criminalidad.
Porque si sólo vemos el crimen consumado e ignoramos las heridas que lo precedieron, la sociedad y el Estado se descalifican para juzgarla y tal vez, sea lo que le está diciendo esa alma, cuando desafía la justicia científica. Tengo décadas siguiendo su caso ocurrido en 1995, porque los tribunales describen la niñez vivida por ella.
Su abuela paterna, fue el único vínculo afectivo, pero su muerte, cuando todavía era una niña, la dejó a merced de abusos sexuales y otras experiencias traumáticas. Nadie debe justificar su comportamiento, porque millones sobrevivimos a infancias tormentosas, sin convertirnos en agresores. Pero sin dudas, crecer en tales circunstancias afecta emocionalmente. Fenómenos que no dejan cicatrices visibles, pero que se manifiestan en la dificultad para confiar, miedo al rechazo, necesidad de aceptación o en una ira que no se controla.
Cuando un niño no encuentra seguridad en quienes deben protegerlo, interpreta al mundo como un lugar hostil. Y si tampoco aparece el Estado para acompañarlo hasta la adolescencia y adultez, esas heridas jamás cicatrizan. Cuando su sufrimiento pasa inadvertido, la tragedia será la respuesta. En enero de 1995, Christa Pike participó en el asesinato de Colleen Slemmer, una joven de 19 años, que estudiaba en el mismo centro de formación laboral de Knoxville, Tennessee, por lo que fue declarada culpable en primer grado en 1996 y condenada a muerte.
Conocí el caso del hijo de una prostituta, que fue abandonado por esta y él no encontró mejor forma de vengarse de ella y la sociedad, que dedicarse jovencito a asesinar a prostitutas de las calles. Slemmer tenía una vida, una familia y su sufrimiento y el de sus seres queridos merecen la misma consideración en cualquier análisis sobre la infancia de Pike, quien sólo tenía 18 años, pues comprender, no significa justificar.
Si la sociedad convierte cada experiencia dolorosa en una excusa, se arriesga a despojar a las víctimas de justicia y tendríamos dos verdades, una víctima de graves abusos y, posteriormente, convertida en victimaria y a los que usan ese pasado para ponerse al servicio del bien, del amor y entrega, porque muchas veces, ese dedo acusador es tan responsable del criminal, como el Estado mismo que lo ignoró.
La prevención exige proteger, escuelas que puedan reconocer señales de alarma, servicios sociales accesibles y atención psicológica oportuna. No decimos que siempre sea así, pero lo que sí es cierto, es que proteger a la infancia reduce riesgos y que ninguna sociedad debería esperar a que una persona cometa un acto irreversible para indagar qué ocurrió durante sus años de formación.
Treinta años después, el caso Pike vuelve al debate, cuando el 30 de septiembre de 2026, las autoridades de Tennessee intentaron ejecutarla mediante la inyección letal, pero el procedimiento fracasó y los reportes indican que sobrevivió y recuperó la conciencia, aunque con complicaciones médicas graves. El desarrollo humano está condicionado por múltiples factores, la familia, el entorno social, las experiencias traumáticas, las relaciones afectivas, las oportunidades educativas y decisiones personales, porque cuando el abandono nos moldea, las consecuencias difícilmente sean diferentes al tema tratado.
Por Alejandro Almánzar
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