Connect with us

Opinion

Mi ventana óptica – Una invasión disfrazada

Published

on

Hay invasiones que vienen con soldados, tanques y banderas, otras silenciosamente con documentos migratorios, contratos laborales y otros argumentos. El problema no es la inmigración, ni el trabajador extranjero que busca la oportunidad, es cuando esa necesidad legítima se convierte en un problema demográfico.

Es cierto que necesitamos trabajadores extranjeros, pero lo que no podemos es comprometer la capacidad de decidir cuántos, quiénes, dónde se establecen y en qué condiciones entran, pues cuando esto sustituye sistemáticamente al nacional, presiona los salarios, satura servicios públicos y modifica aceleradamente la composición social de comunidades enteras ya estaríamos ante a un problema político, económico y demográfico.

Por décadas, gobiernos y sectores empresariales han alegado “falta de trabajadores”. ¿Realmente no hay trabajadores o no están dispuestos a pagar salarios justos? ¿Por qué no mejoran los salarios, garantizan condiciones dignas, capacitando, automatizando procesos y ofrecen incentivos al nativo?

No, resulta más fácil presionar por inmigrantes indocumentados que elevar los salarios. Una contradicción que pocas veces analizamos, la inmigración puede ser beneficiosa para la economía y, al mismo tiempo, perjudicial cuando es utilizada para mantener bajos costos laborales, convirtiendo al trabajador en instrumento político.

El inmigrante tampoco debería ser utilizado como pieza de ajedrez por gobiernos, empresarios o grupos de presión. Permitir la entrada masiva de indocumentados sin capacidad suficiente para integrarlos, regularlos y garantizarles condiciones dignas es irresponsable. Y mucho más, presentar cualquier cuestionamiento como xenofobia, racismo, mientras se desplazan núcleos nacionales. Es nuestro derecho debatir y cuestionar sobre las fronteras; a preguntar como sociedad, cuál será el destino de una población amenazada por esos intereses.

Exigir que las leyes migratorias se cumplan, sin que estemos en contra del extranjero. Que no se trate de una invasión, con entrada masiva y sostenida de indocumentados en un territorio hasta producir una alteración profunda de nuestro equilibrio económico, social, cultural o institucional, lo que vive la República Dominicana con los haitianos, donde ya no sólo se elimina la mano de obra nacional, sino que también a nuestros hijos se les quita el espacio en las escuelas, a las mujeres, la cama de las maternidades y como plan perfectamente elaborado, nos quieren convencer de que todo esto se produce por la necesidad de mano de obra barata.

Cuando de lo que se trata es de un acto deliberado, sin controles adecuados bajo la excusa de que “la economía lo necesita”, aunque esto modifique comunidades enteras, transforme mercados laborales, demande viviendas, educación y servicios sanitarios, generando tensiones sociales e inseguridad.

Las fronteras no existen para impedir que el extranjero viva, trabaje o prospere, es para que el Estado pueda organizar y administrar la entrada de estos al territorio. La inmigración legal, regulada y ordenada enriquece la nación, contrario es, llenar un territorio de personas que ni en su propio país tienen una identidad, creando todo tipo de inseguridad y esto pasa frecuentemente en el país, un haitiano mata a la persona que lo emplea, sin que responda en los tribunales por sus crímenes.

Y, ni siquiera esto hace a las autoridades reflexionar, porque no se trata de buscar emplear al extranjero, es fusionar las dos naciones para negocios de grupos. No es la necesidad de los haitianos que a esa gente preocupa, es la ambición de acumular riquezas, para lo que han ido empujando al dominicano a emigrar, cuando perfectamente pudiera vivir con dignidad en su tierra.

La frontera nuestra fue convertida en una simple línea geográfica y esto no es tema racial, es asunto de planificación, soberanía y responsabilidad gubernamental. Porque la contratación de trabajadores extranjeros debe hacerse desde la fortaleza institucional y no mediante el desorden migratorio y la corrupción. En esta fecha de la Restauración, no tenemos nada que celebrar, por el contrario, reflexionar y pedir perdón a Trinitarios y Restauradores por haber entregado su legado a sinvergüenzas y traidores, para que humillen su Patria con una invasión disfrazada de emergencia laboral.

Por Alejandro Almánzar

Solfuturo09@gmail.com

X, @laactualidadtv

You Tuve, @miventanatv

Tic Tok, @alejandroalmanzar470

Trending

Copyright © 2026 SuperTV