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Profesores denuncian amenazas, agresiones y pérdida de autoridad en las aulas

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Santo Domingo, República Dominicana. – Un creciente ambiente de hostilidad se ha apoderado de las aulas en diversas provincias del país, según denuncias de profesores que aseguran que su seguridad y el ejercicio cotidiano de la docencia están en peligro.

Los educadores han reportado que los mensajes agresivos enviados por los estudiantes, repletos de insultos y amenazas, se han vuelto comunes. A esto se suman expresiones intimidatorias tanto dentro como fuera de los planteles educativos. Los docentes advierten que lo que antes eran episodios aislados ahora generan un clima de temor entre quienes deben acudir a las aulas diariamente.

Agresiones físicas y psicológicas

Las agresiones no se limitan a palabras. Entre las prácticas más alarmantes se encuentran la colocación de clavos y otros objetos punzantes cerca de los vehículos de los profesores, aparentemente con la intención de dañar los neumáticos. Este tipo de actos no solo pone en riesgo la seguridad de los docentes, sino que también contribuye a un ambiente de inseguridad generalizado.

La falta de protección institucional

Una de las principales quejas de los educadores es la escasa o casi inexistente presencia de la Policía Escolar en varios centros educativos. Esta situación incrementa la sensación de desprotección y el temor de que las amenazas puedan escalar hacia episodios de mayor violencia.

La presión de los padres

Además, los docentes enfrentan la presión de algunos padres que, según testimonios, reaccionan de manera agresiva ante las bajas calificaciones de sus hijos. En lugar de cuestionar el desempeño académico, algunos progenitores responsabilizan a los docentes por "no ponerle buenas notas".

Un testimonio revelador

Un profesor que pidió mantener su nombre en reserva compartió su experiencia, enfatizando que estas situaciones han transformado una profesión que antes asumían con satisfacción en una labor donde deben medir incluso la forma en que llaman la atención a un estudiante.

Un incidente que marcó la diferencia

El caso de C. Genao ilustra esta problemática. Durante un examen en una escuela de Juan de Herrera, la maestra encontró un celular escondido en el estuche de una alumna de 16 años. Al intentar retirarle el estuche, descubrió que la estudiante estaba usando el teléfono durante la prueba.

La reacción de la alumna fue inmediata: se levantó, entregó su examen en blanco y exigió la devolución de su dispositivo. "Dame mi teléfono, porque es mío y no te pertenece", fue la respuesta de la adolescente, a pesar de que existía una norma en el centro educativo que prohíbe el uso de celulares en clase.

Genao, consciente de la tensión, optó por no responder a la provocación y permaneció en el aula durante más de 30 minutos, evitando un enfrentamiento verbal. "Gracias a Dios que no me puse a la altura de la estudiante", reflexionó.

La voz del magisterio

La preocupación de los docentes ha sido recogida por la Asociación Dominicana de Profesores (ADP) en su informe general del Primer Congreso Pedagógico Nacional. Este documento, basado en más de 82,000 respuestas de educadores de todo el país, identifica el deterioro del clima escolar, caracterizado por violencia, acoso e indisciplina, como uno de los principales obstáculos para el aprendizaje.

Propuestas para mejorar la situación

El informe también destaca que los educadores se sienten desprotegidos institucionalmente y carecen de competencias específicas para gestionar conflictos. Entre las propuestas del magisterio se incluye establecer un régimen integral de consecuencias disciplinarias que refuerce la autoridad pedagógica de los docentes.

Demandas de los docentes

Los profesores atribuyen la pérdida de autoridad a una combinación de factores, tales como:

  • Nuevas normativas y enfoques sobre la convivencia escolar.
  • Temor a que una corrección sea interpretada como maltrato.
  • Falta de respaldo institucional.
  • Conducta de algunos estudiantes.
  • Menor acompañamiento de las familias.

El resultado es una relación cada vez más compleja dentro de las aulas, donde los maestros deben equilibrar los derechos de los estudiantes con la necesidad de mantener la disciplina.

Un llamado a la acción

Los educadores aclaran que no buscan regresar a métodos disciplinarios basados en el maltrato o la imposición. Lo que demandan es la necesidad de contar con reglas claras, mayor seguridad y mecanismos efectivos que les permitan corregir conductas inapropiadas sin sentirse desprotegidos o expuestos. La situación actual requiere atención urgente para garantizar un ambiente educativo seguro y propicio para el aprendizaje.

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