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Opinion

Santiago necesita articular planes y actualizar los que ya tiene!

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Por Reynaldo Peguero rpeguero@strategius.org

Santiago arribó a un momento decisivo de su planificación urbana. La discusión no debería concentrarse en cuál plan sustituye a cuál, ni en quién coloca su nombre sobre el futuro de la ciudad. La pregunta verdaderamente técnica es otra: ¿cómo articulamos los instrumentos existentes para que Santiago pueda gobernar ordenadamente su crecimiento y convertir sus grandes visiones en resultados?

Desde STRATEGIUS sostenemos que hay que comenzar por una distinción elemental: el Plan Estratégico Santiago 2030 (PES 2030), el Plan Municipal de Ordenamiento Territorial Santiago 2030 (PMOT), Santiago Ciudad Viva 2035 y Meta RD 2036 no son instrumentos equivalentes. Tienen diferentes escalas, objetivos, alcances y responsabilidades. La buena planificación no consiste en acumular documentos. Consiste en construir un sistema coherente de decisiones, regulaciones, inversiones, proyectos, indicadores y evaluación. La propia CEPAL y el CIDEU han planteado que la planificación para el desarrollo debe entenderse como un sistema en el que interactúan prospectiva, implementación y evaluación, superando los problemas inter-sectoriales, pluri-temporales y multi-escalares.

EL PES 2030: LA VISIÓN ESTRATÉGICA

El Plan Estratégico Santiago 2030 constituye la plataforma estratégica que expresa una visión compartida de ciudad y territorio. Su formulación incorporó participación de actores gubernamentales, empresariales, académicos, comunitarios y sociales, y fue concebida como una agenda de proyectos estructurantes para Santiago. Por tanto, su función principal es estratégica: definir hacia dónde quiere avanzar Santiago, cuáles son sus grandes prioridades y qué transformaciones necesita impulsar.

El PES no debe confundirse con una normativa parcelaria o de uso de suelo. Tampoco debe quedar congelado porque tenga horizonte 2030. La planificación estratégica, por naturaleza, es dinámica. De hecho, la actualización del PES ya forma parte de su propia trayectoria institucional. El documento actualizado reconoce expresamente que la planificación estratégica territorial tiene una naturaleza activa, dinámica y cambiante. Por eso consideramos indispensable evaluarlo y actualizarlo, pero sin desnaturalizarlo.

POTSA: EL TERRITORIO NECESITA REGLAS

El segundo componente es el Plan Municipal de Ordenamiento Territorial. Aquí está, probablemente, la discusión más urgente. El Ayuntamiento de Santiago mantiene publicados el documento del PMOT Santiago 2018-2030, su memoria, la Resolución 3240-19, la cartografía y otros materiales técnicos. Eso significa que Santiago no parte de cero. El POT tiene una función diferente al PES: organiza espacialmente el territorio. Define criterios para usos y ocupación del suelo, infraestructura, movilidad, protección ambiental, localización de actividades, gestión de riesgos y crecimiento urbano. La aprobación posterior de la Ley 368-22 de Ordenamiento Territorial, Uso de Suelo y Asentamientos Humanos elevó todavía más la necesidad de revisar los instrumentos municipales.

La propia ley concibe el ordenamiento territorial como proceso continuo e integrado de planificación y gestión, orientado a organizar el uso y ocupación del territorio conforme a sus potencialidades, limitaciones y objetivos de desarrollo. Por eso actualizar el POTSA no significa admitir que el plan anterior fracasó. Significa hacer planificación territorial seria. En 2026 han cambiado las condiciones de movilidad, vivienda, infraestructura, actividad inmobiliaria, riesgos, cambio climático, expansión urbana y relaciones metropolitanas.

SANTIAGO CIUDAD VIVA 2035: UNA OPORTUNIDAD QUE DEBE SUMAR

La iniciativa Santiago Ciudad Viva 2035, formalizada en junio de 2026 mediante el “Pacto por una Mejor Ciudad”, reúne instituciones públicas, privadas y académicas alrededor de una visión integral de desarrollo urbano. Valoramos positivamente que el sector público, privado, académico y social se sienten alrededor de una misma mesa para discutir el futuro urbano. Pero una iniciativa de esta naturaleza debe responder una pregunta institucional fundamental: ¿Cómo se conecta con los instrumentos de planificación que ya existen?

No sería conveniente que una nueva agenda de regeneración urbana terminara funcionando como una planificación paralela. La regeneración urbana es necesaria. Santiago necesita recuperar sectores deteriorados, mejorar espacios públicos, renovar infraestructuras, fortalecer centralidades, impulsar vivienda adecuada, mejorar movilidad y recuperar calidad ambiental. Pero una agenda de regeneración urbana puede convertirse en un extraordinario componente de implementación del PES y de actualización del POTSA, en lugar de competir con ellos. Ese es el enfoque que propongo desde STRATEGIUS: sumar capacidad técnica, no multiplicar instrumentos sin coordinación.

META RD 2036: EL HORIZONTE NACIONAL

Meta RD 2036 pertenece a una escala distinta. El Decreto 337-24 creó la Comisión Meta RD 2036 con el objetivo de identificar acciones y reformas necesarias para duplicar el PIB real dominicano hacia 2036, articulando además las metas de la Estrategia Nacional de Desarrollo y de la Estrategia Nacional de Competitividad. Por tanto, Meta RD 2036 no sustituye el PES ni el POTSA. Su relación con Santiago debe ser de alineamiento y contribución territorial. De hecho, el propio Gobierno presentó Meta RD 2036 al sector empresarial de Santiago como una iniciativa que requiere articulación y diálogo entre los diferentes sectores.

SANTIAGO DEBE PENSARSE COMO TERRITORIO METROPOLITANO

Hay otro asunto que no podemos seguir postergando. Santiago no funciona únicamente dentro de los límites administrativos del municipio. La movilidad, los mercados laborales, la vivienda, la industria, los servicios, los residuos, las infraestructuras, los recursos naturales y la expansión inmobiliaria construyen relaciones funcionales con Puñal, Licey al Medio, Tamboril, Villa González, Santiago Oeste, Jacagua y otros territorios próximos. CEPAL ha demostrado, mediante numerosos estudios regionales, que las dinámicas territoriales contemporáneas requieren una mirada multiescalar y multinivel, porque los fenómenos urbanos y económicos no respetan las fronteras administrativas.

Su panorama territorial 2024 vuelve a insistir en la necesidad de combinar escalas de gobierno, múltiples actores, sectores diversos y diferentes horizontes temporales, colocando la gobernanza, el diálogo social y la construcción de futuros en el centro de la transformación territorial. Para Santiago esto significa que la actualización del POTSA debe mirar mucho más allá de la parcela. Debe estudiar la ciudad real, la ciudad funcional y la ciudad metropolitana.

ACTUALIZAR EL POTSA Y ARTICULAR TODO EL SISTEMA

Desde STRATEGIUS proponemos cinco decisiones concretas: Primero: evaluar y actualizar el POTSA Santiago 2030 conforme al nuevo marco de la Ley 368-22 y a las transformaciones territoriales ocurridas desde su formulación. Segundo: actualizar el PES 2030 mediante evaluación de resultados, indicadores, proyectos ejecutados y nuevas prioridades económicas, sociales, ambientales y metropolitanas. Tercero: construir una matriz de compatibilidad entre PES, POTSA, Santiago Ciudad Viva 2035 y Meta RD 2036. Cuarto: incorporar una visión metropolitana que estudie las relaciones funcionales de Santiago con los municipios y distritos municipales de su entorno. Quinto: establecer un sistema público de indicadores, seguimiento y evaluación que permita saber no solamente qué se planificó, sino qué se ejecutó, cuánto costó, dónde se hizo, quién lo hizo y qué resultados produjo. Esta última dimensión es fundamental. CEPAL considera precisamente el seguimiento y la evaluación como mecanismos capaces de articular mejor planificación y gestión y de generar aprendizaje institucional.

SANTIAGO NO NECESITA EMPEZAR DE CERO: La conclusión es sencilla. Santiago no necesita una guerra de planes. Necesita un sistema de planificación. No necesitamos desechar todo lo construido cada vez que aparece una nueva iniciativa. Necesitamos evaluar lo existente, corregir sus debilidades, actualizarlo y conectarlo con las nuevas realidades. Los programas y proyectos deben producir resultados verificables en los barrios, comunidades, infraestructuras y espacios públicos.

Por eso, el paso técnico más inmediato para Santiago es actualizar el POTSA, pero hacerlo dentro de una estrategia más amplia de articulación del sistema de planificación. La ciudad no necesita empezar de nuevo. Necesita reconocer lo que ya construyó, actualizar lo que cambió, integrar lo que está disperso y ejecutar aquello que la planificación ya ha identificado como prioritario. Ese es el camino para pasar de la proliferación de planes a una verdadera cultura de planificación, coordinación y resultados.

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