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Opinion

¡Aquí comen y beben juntos!

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Me concentraré en nuestro continente, pues desconozco la realidad de los demás, salvo la de Europa, donde encontramos parecidas historias. Coloco el tema sobre la mesa porque, hace días, me encontré con dos líderes políticos dominicanos, “contrarios” entre sí, compartiendo en camaradería un apetitoso manjar en un restaurante de Santo Domingo.

En los Estados Unidos de América, admiradísimo país, republicanos y demócratas están cada vez más distanciados. Las ofensas mutuas se profundizan, sobrepasando las diferencias tradicionales entre “liberales” y “conservadores”. Si por casualidad un rojo y un azul se encuentran en algún restaurante, si uno pide Pepsi Cola, el otro elegirá Coca Cola.

En México, el enfrentamiento político es desgarrador. Los de la colisión encabezada por el “Movimiento Regeneración Nacional”, partido en el poder dirigido por Claudia Sheinbaun, no se beben una gota de tequila ni degustan unos tacos con los dirigentes de los contrarios Partido Acción Nacional, ni con los del otrora poderoso Partido Revolucionario Institucional.

En Colombia, la confrontación política no da tregua. Abelardo de la Espriella, presidente de la República, líder del movimiento “Defensores de la Patria”,  y Gustavo Petro, expresidente, con su “Colombia Humana”, junto con otros expresidentes, prefieren boxear sin reglas antes que disfrutar en armonía de una suculenta bandeja paisa o de un rico café.

En Ecuador, la rivalidad es personal, política, legal, ideológica… Tristemente, el odio se manifiesta en las palabras de sus principales políticos. Su presidente, Daniel Noboa, y su “Alianza Acción Democrática Nacional”, no comparten un encebollado o un canelazo con los miembros de Revolución Ciudadana del expresidente Rafael Correa, ni con otros importantes adversarios.

En Brasil, la batalla se libra en las calles, los tribunales y hasta en la geopolítica mundial. La polarización no promete terminar luego de los comicios presidencias del próximo 4 de octubre. Lula, con su “Partido de los Trabajadores” y sus aliados, y la oposición, encabezada por los Bolsonaro y su “Partido Liberal”, no escuchan una zamba ni comparten una caipirinha bajo el mismo techo.

En Argentina, casi se repite lo anterior; solo cambian los nombres de los actores. Crisis económica, parálisis legislativa, sociedad dividida, el tema de las Malvinas… Javier Milei, su presidente, con su “Libertad Avanza”, no canta un tango ni  degusta un asado con la oposición que, por igual, lo repele, especialmente la del “Partido Justicialista”.

Similares contextos tenemos, entre otros, en Venezuela, Cuba, Perú, Nicaragua, Bolivia, Chile… ¡Gracias a Dios, somos distintos! Con los problemas propios de muestro subdesarrollo, aquí se respira paz.  Nuestro liderazgo político, de manera natural, se reúne a bailar merengues y saborear sancochos y, aunque siempre con prudencia y en sano ambiente, brindar también con sus “traguitos”.

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