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Opinion

Un Momento – Aprender a convivir

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Un país no se destruye solamente por sus crisis; también se desgasta cuando sus ciudadanos dejan de escucharse y convierten las diferencias en motivos de enfrentamiento. Pensar distinto no es una amenaza. Lo peligroso es creer que quien no comparte nuestras ideas merece ser atacado, silenciado o despreciado. Una sociedad madura necesita diálogo, pero un diálogo capaz de escuchar, argumentar, reconocer errores y buscar acuerdos sin negociar principios.

No todo desacuerdo debe terminar en ruptura, ni toda discusión en una batalla por imponer quién tiene la razón. Tenemos que superar esa cultura de la confrontación permanente que nos divide y nos hace perder de vista lo esencial. El bien común exige altura de miras, respeto y voluntad de entendimiento. Porque un pueblo que sabe disentir sin odiarse demuestra que todavía conserva la sabiduría necesaria para construir su futuro. Hasta mañana, si Dios, usted y yo lo queremos.

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