Opinion
Un Momento – Que el sufrimiento del otro no nos sea ajeno
La asistencia humanitaria y el servicio al necesitado nos enfrentan a una pregunta: ¿qué hacemos cuando el sufrimiento de otro aparece ante nuestros ojos? Podemos seguir de largo o detenernos y comprender que su dolor también nos concierne.
Hay personas que cargan necesidades, enfermedades, soledades y angustias que muchas veces nadie conoce. Por eso, servir comienza aprendiendo a mirar con humanidad.
No todos podemos solucionar los grandes problemas del mundo, pero todos podemos aliviar alguna carga. Muchas veces solo una palabra, un gesto o una ayuda oportuna pueden devolver esperanza a quien atraviesa una prueba.
Estamos llamados a ser manos providentes de Dios. Que nunca nos acostumbremos al dolor ajeno ni permitamos que la indiferencia endurezca nuestro corazón. Allí donde alguien sufre, siempre existe una oportunidad para amar. Hasta mañana, si Dios, usted y yo lo queremos.
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