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Gallup revela una sociedad dominicana más pesimista y atenta a la realidad nacional

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Santo Domingo. – La más reciente encuesta Gallup República Dominicana, realizada para Diario Libre, pone de manifiesto un cambio significativo en el estado de ánimo de la sociedad dominicana. Este estudio indica un aumento del pesimismo respecto a la economía, un mayor interés por los asuntos públicos y una disminución en la fascinación por las tendencias efímeras de las redes sociales.

Más allá de ser simples hábitos de consumo informativo, los datos reflejan una ciudadanía que se muestra emocionalmente más alerta y preocupada por la incertidumbre económica y social que enfrenta.

Pesimismo creciente sobre la economía nacional

Uno de los hallazgos más contundentes del estudio es la percepción negativa que tienen los dominicanos sobre la economía del país. Un 62.9% de los encuestados considera que la situación económica nacional es mala o muy mala: un 22% la califica como “muy mala” y un 40.9% como “mala”.

En contraste, solo un 21.6% de los participantes opina que la economía dominicana está en un momento positivo.

Sin embargo, al evaluar la situación económica a nivel personal, la percepción cambia ligeramente. El porcentaje de personas que considera negativa su situación económica personal desciende a 43.9%, mientras que un 30% la define como buena o muy buena. Esta diferencia revela una paradoja significativa: muchos dominicanos perciben un deterioro económico nacional más severo que el que experimentan directamente en sus hogares.

La brecha entre la economía estadística y la emocional

El estudio evidencia una notable distancia entre los indicadores macroeconómicos y la percepción cotidiana de la población. Aunque se difunden cifras sobre crecimiento económico, expansión turística o estabilidad financiera, gran parte de la ciudadanía mide la realidad a través de variables concretas como:

  • El precio de los alimentos
  • El costo del transporte
  • La factura eléctrica
  • Los alquileres
  • La dificultad para ahorrar

En este contexto, surge lo que algunos analistas definen como una “economía emocional”, caracterizada por la sensación de desgaste constante más que por un colapso absoluto.

Predomina la sensación de deterioro gradual

Un aspecto llamativo de la encuesta es el peso de la categoría “mala”, que supera a “muy mala”. Esto sugiere que la mayoría de la población no percibe un escenario de desastre total, sino un deterioro progresivo del poder adquisitivo y de la calidad de vida.

Además, la encuesta refleja un crecimiento de las respuestas neutrales en torno a la situación personal. Un 25.7% considera que su economía no es “ni mala ni buena”, un indicador que suele asociarse a sociedades donde predomina la adaptación antes que el optimismo.

Mayor interés por los asuntos públicos

El clima de incertidumbre parece influir también en los hábitos de atención de la población. Un 44.6% de los encuestados afirmó tener “mucho interés” en los temas nacionales. Por otro lado, los asuntos internacionales también generan atención considerable, con un 28.4% que expresa mucho interés y un 19.2% que manifiesta algún interés.

En contraste, un 56.6% dijo sentir poco o ningún interés por las tendencias de redes sociales. Este resultado contradice parcialmente la idea de una sociedad completamente absorbida por el entretenimiento digital y las conversaciones virales.

Ciudadanía más vigilante

La encuesta sugiere que, en momentos de incertidumbre económica, las personas tienden a concentrarse más en temas que impactan directamente su estabilidad, tales como:

  • Empleo
  • Inflación
  • Seguridad
  • Salud
  • Educación
  • Decisiones políticas

Los asuntos públicos dejan de verse como discusiones abstractas y pasan a percibirse como factores que afectan la vida cotidiana.

Un fenómeno regional

El comportamiento de la sociedad dominicana coincide con tendencias observadas en otros países de América Latina, donde el pesimismo social y la desconfianza institucional han aumentado en los últimos años. Estudios regionales como Latinobarómetro muestran que, aunque la democracia sigue siendo respaldada como sistema político, crece simultáneamente la percepción de que los gobiernos no logran resolver los principales problemas de la población.

Casos como Argentina, Chile, Perú, Colombia y México reflejan patrones similares de ansiedad social vinculada a inflación, inseguridad, polarización política e incertidumbre económica.

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