Opinion
¡Una coyuntura que exige talentos!

Reynaldo Peguero
rpeguero@strategius.org
Santiago vive el momento más trascendental de sus últimos 100 años. La expansión urbana avanza a una velocidad superior al crecimiento demográfico, ocupando progresivamente suelos de alta capacidad agrológica, esenciales para la seguridad alimentaria de la República Dominicana.
La ciudad concentra una huella urbana continua superior a los 115.8 km², superando incluso al Distrito Nacional, cuya superficie urbanizada ronda los 91.5 km². Este crecimiento, impulsado por inversiones públicas y privadas, nuevas infraestructuras y una creciente atracción de población flotante, incorpora diariamente más de 500 mil visitantes a la dinámica económica local.
Sin embargo, el éxito logrado comienza a generar nuevas tensiones. La presión sobre el agua potable, el saneamiento, el drenaje pluvial, la movilidad, la energía, la conectividad digital y los equipamientos urbanos aumenta a ritmos que exigen respuestas creativas, en vez de improvisaciones coyunturales.
Santiago posee ventajas excepcionales. La cuenca del Yaque del Norte, junto a los embalses de Taveras, Bao y Monción, almacena cerca de 787 millones de metros cúbicos de agua, una de las mayores reservas estratégicas del Caribe insular. Pero disponer de recursos no garantiza desarrollo. Lo determinante será la calidad de las decisiones.
Resulta neurálgico observar intentos aviesos de sustituir décadas de construcción institucional y planificación estratégica por ocurrencias, protagonismos pasajeros o consultorías desconectadas de la realidad.
El futuro de Santiago no puede quedar en manos privadas y públicas improvisadas que desconocen la complejidad de una metrópoli que ya compite en escala e influencia con importantes ciudades del Caribe y Centroamérica.
La respuesta debe ser relanzar el Plan Estratégico y el Ordenamiento Territorial con visión metropolitana y provincial, articulando movilidad, gestión de riesgos, protección ambiental, vivienda, productividad y cohesión social. También corresponde gestionar parte de los recursos disponibles vía los 200 millones de dólares del Banco Mundial y el Gobierno, para fortalecer capacidades locales y generar inteligencia territorial aplicada.
La gran discusión no es técnica; es moral y política. Santiago debe decidir si premia el mérito o tolera la mediocridad. Si apuesta por el conocimiento, la evidencia y la experiencia, o si permite que la banalidad de Instagram y las redes sustituya la excelencia.
No hay espacio para figuras anodinas ni para cultos a la improvisación. La historia demuestra que las ciudades exitosas son dirigidas por sus mejores talentos. Santiago necesita más intelectuales, empresarios, académicos, planificadores y políticos calificados en los espacios de decisión.
El desafío es claro: preservar y multiplicar lo construido durante los últimos 25 años o arriesgarlo todo en nombre de la superficialidad. El momento exige mérito, visión y coraje. Lo contrario sería un retroceso histórico inexcusable.

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