El Cibao
Impacto Efectivo del Proyecto Arroyo Pontezuela

Reynaldo Peguero rpeguero@strategius.org
El reciente estilo de opinático, no es la tradición construida en años por el plan estratégico de Santiago. Ante problemas críticos siempre se enviaba un grupo de especialistas encabezados por quien suscribe o por otros directores, al terreno de los hechos. Previo estudiábamos los documentos contentivos de proyectos y hacíamos el descenso al terreno de las diversas iniciativas privadas o públicas.
Así se hizo con varios proyectos. En los tropiezos iniciales del relleno sanitario de Rafey. También con la intervención privada entorno al elevado de acceso principal a la ciudad. Igualmente, con la restauración geo-resistente de la Catedral Santiago Apóstol y los diversos edificios patrimoniales del centro histórico.
De ahí que me aparto unas horas de la nueva consultoría internacional que hacemos y del impulso de varios planes estratégicos en el suroeste de la isla que facilita STRATEGIUS, para analizar el buen rescate del rio Pontezuela. Utilizamos cartografías actualizadas, estudios de riesgos efectuados por IDOM, IH Cantabria y nuestras aplicaciones Scrivano y Claude, para generar más que «opinática», informaciones objetivas.
La opinática es el hábito o tendencia a opinar sobre cualquier tema, sin contar con datos, rigor técnico o conocimiento objetivo, basándose únicamente en percepciones subjetivas o el tradicional «a mí me parece».
Es esperanzador que luego de una larga espera, la rehabilitación higiénico-sanitaria del arroyo de Pontezuela en su curso por Los Embrujos en la Unidad Zona de Planificación (UZP IV), haya llegado de la mano del Ayuntamiento. El río Pontezuela tanto por nivel de calado, caudal, pendiente territorial y escorrentías calculadas en períodos de inundación de 10, 50 y 100 años de retorno, tiene condiciones para rescatarse a cielo abierto, entubado o mixto, tal como ya se ha hecho antes en ese mismo curso hidrográfico.
En todos los escenarios y modelos matemáticos por su calado promedio de apenas 0.5 metros de profundidad, su inclinación pendiente menor de 12%, y el caudal de 0.4 metros por segundo, las inundaciones esperadas y calculadas con la aplicación de hidrogramas del modelo Hec‐Hms, permite rescate cielo abierto, entubado o mixto de esa cuenca. En el caso del arroyo Pontezuela, el abordaje mixto es estratégico.
No estamos ante un simple curso de agua, sino ante un componente del sistema hidrográfico que lanza aguas contaminadas antes de la toma de agua de riego de La Otra Banda para el canal de irrigación agrícola Ulises Francisco Espaillat (UFE), dirigido hacia la línea noroeste irrigando un máximo de 480 mil tareas.
La cuenca Pontezuela-Nibaje acumula aproximadamente 8.69 kilómetros lineales y constituye parte del gran anillo verde del Este de la ciudad. Su recuperación debe ser asumida como una intervención ambiental, higiénico-sanitaria, hidráulica, paisajística y urbanística de primer orden.
Muchos territorios de Santiago tienen un elevado nivel friático por lo que diversos inmuebles están construidos colindantes a ríos y arroyos o sobre una abundante acumulación de agua o cobertura vegetal. Los diversos cerros de la ciudad como El Castillo, Gurabo, Hermoso, Alto y Papatín, son ejemplo de ello.
Desde la expansión urbana acelerada de las últimas décadas del siglo XX hasta hoy, Santiago crece de espaldas de sus cursos de agua. Este desarrollo urbano, produjo riqueza y dinamismo económico, pero también consumió recursos naturales y debilitó ecosistemas que hoy necesitamos robustecer y recuperar. Ese es el abordaje del rescate del río Gurabo y así se realiza de forma mixta, en el arroyo Pontezuela.
Próximo a las riberas del arroyo de Pontezuela de acuerdo al Plan Cuenca Santiago, proyectado al 2026, se registra la presencia de 3,367 hogares y 8,750 personas. Más de 75 establecimientos comerciales, cuatro industrias, tres escuelas, un centro de salud y un entorno poblacional que podría ascender a más de 150 mil pobladores expuestos a riesgos asociados con la degradación del sistema hídrico.
El problema central es conocido: amplios sectores del sistema Guazumal-Pontezuela-Nibaje carecen de una adecuada cobertura de recolección y tratamiento de aguas residuales. A esto se suman descargas de origen industrial y hospitalario que comprometen la calidad ambiental de sus cursos de agua.
De ahí que la recuperación del Pontezuela no pueda reducirse a limpiar, entubar su cauce, reverdecer o embellecer sus riberas; debiera concurrir con lo higiénico-sanitario. Aumentar sustancialmente la capacidad de colección de aguas residuales, eliminar descargas directas y conducirlas en un gran colector, hacia la planta de tratamiento de Rafey, que hoy está subutilizada.
En ese abordaje, el Colector 10 constituye una infraestructura estratégica. Su incorporación a una solución integral permitiría captar aguas residuales de sectores que hoy descargan sobre el sistema hídrico de Pontezuela. El objetivo debiera ser avanzar hacia la recolección y tratamiento del 100 % de las aguas residuales de Santiago. Ese es el contexto estratégico del rescate del arroyo Pontezuela.
Los instrumentos de planificación de Santiago identificaron esta necesidad. La recuperación del arroyo Pontezuela también debe verse desde la perspectiva del cambio climático. Si las proyecciones apuntan hacia escenarios de menor disponibilidad de precipitaciones, Santiago no puede darse el lujo de contaminar recursos hídricos que podrían contribuir a la resiliencia urbana. Agua contaminada es agua perdida; agua tratada es un recurso que puede volver a incorporarse al sistema productivo de la región del Cibao.
Por eso, entendemos que el proyecto diseñado por la empresa ganadora de la licitación, incorpora simultáneamente saneamiento, drenaje, recuperación de cauces, arborización, protección de riberas y creación de espacios públicos. El parque lineal del Pontezuela será reforzado y ampliado como infraestructura verde, no como simple decoración urbana. Hay que proteger y elevar el sistema verde, recuperar la vegetación ribereña y conectar sus espacios con el anillo verde del Este.
Intervenir 13,157 metros cuadrados de los cuales más de la mitad serán áreas verdes unos 7,379.49 m2 es clave dependiendo del tipo de árboles y sombras a generar. Construir y entubar unos 5,777 m2 luce razonable siempre que se cuide los sumideros, el curso del Colector 10 y su relación con el parque lineal de áreas infantiles, casetas de baño y senderos para caminar y hacer ejercicios físicos.
Pero hay una condición institucional que no puede ignorarse: la sociedad civil debe conocer mejor y valorar los proyectos antes de que sean otorgados los permisos de no objeción. La participación social no puede convertirse en una ceremonia opinática posterior a decisiones ya tomadas. Si un proyecto transforma una ribera, aumenta densidades, modifica drenajes, genera nuevos caudales de aguas residuales, ocupa suelo ambientalmente sensible o afecta la movilidad y el paisaje urbano, la ciudadanía tiene derecho a conocerlo antes de su aprobación. Esa es una tarea pendiente en Santiago y en toda la isla.
El Ayuntamiento va a fortalecer sus procedimientos para que la evaluación social, ambiental, territorial y técnica preceda a la no objeción. Las juntas de vecinos, organizaciones comunitarias, universidades, colegios profesionales, entidades ambientales, empresarios y demás actores legítimos deben disponer de información suficiente para formular observaciones y propuestas. Esto no significa paralizar la inversión. Todo lo contrario: una buena participación social reduce conflictos, mejora proyectos y aumenta legitimidad social.
Santiago necesita pasar de una cultura de permisos aislados a una cultura de planificación integral. Ayuntamiento, Coraasan, Gobierno central, EDENORTE, organizaciones comunitarias, universidades y sector privado deben actuar coordinadamente. Aunque los actuales incumbentes lo ignoran, para eso existe el plan estratégico. No para llorar críticas, sino para proponer soluciones.
El rescate del arroyo Pontezuela es un gran proyecto de ciudad: más saneamiento, mayor capacidad de colección de aguas residuales del Colector 10, recuperación del cauce, protección de riberas, arborización, fortalecimiento del anillo verde y creación de nuevos espacios públicos.

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