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Opinion

Delincuencia, violencia y narco

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La semana pasada nos invitaron a participar de una entrevista junto a la abogada y comunicadora Yolanda Martínez y la periodista y comunicadora Ana Mitila Lora, en un espacio de SIN noticias.  Y tocamos distintos puntos de interés para nuestro Santiago, entre ellos, delincuencia, violencia, pobreza y narcotráfico.

El Santiago de hoy, no es el de hace treinta o cuarenta años, donde la población era reducida en comparación con el millón que hoy tenemos de habitantes.  Donde no habían la cantidad de industrias, empresas y comercios. En la que no se aglomeraban tantos vehículos y cuyas calles se hicieron para una determinada cantidad de casas, y hoy, en muchas, existen cantidades de torres de apartamentos.

Tampoco existían fuera de la urbe o la parte metropolitana los barrios tan populosos como los que hoy están convertidos en Distritos Municipales, como hoy estamos en toda la zona Sur, hacia la cual ya ha llegado lo que hoy es Cienfuegos que prácticamente se une con Hato del Yaque.  Donde existen personas que no son del ámbito del Cibao, sino que han estado llegando desde otras regiones del país.

Asimismo, Santiago ha crecido de forma exponencial en cuanto a lo económico se refiere si a inversiones vamos, en el ámbito privado. Agregarle, toda la inversión que en los últimos cinco años ha realizado el Gobierno Central en obras y en cambiarle la cara a la ciudad.

Entonces tenemos una ciudad que está resultando atractiva para todo aquel que desee invertir, sea en capital sano o producto de lavado o narcotráfico.

Hace cuarenta años, las cajas de resonancias y los resortes sociales, lo eran los clubes barriales, en éstos, todos colocaban la res­ponsabilidad y si había que hablar con un padre de familia o hijos, porque no estaban comportándose, era un instrumento para encausar.  Se encargaban de buscar charlas comunitarias de orientación en todos los temas. Sin embargo, eso desapareció, lo que tenemos son Juntas de Vecinos que no hacen ni cerca la misma labor.

Hoy tenemos barrios en los que constantemente los comunitarios ya viven asediados de droga, delincuencia y violencia, ésta última más en lo social que en lo que tiene que ver con crímenes. El narcotráfico ha logrado el objetivo de tener muchos de estas comunidades para distribuir su microtráfico por las distintas modalidades que puedan encontrar a través de negocios o de los mismos muchachos y adolescentes que se dejan cautivar por una vida rápida y fugaz.

En un punto en lo que Santiago debe trabajar, es evitar que siga­mos siendo la urbe donde más sicariatos se han dado en el país, desde hechos y casos que han copado la opinión pública, como aquellos que tienen que ver por orden del propio negocio de la droga.  Eso es algo, en lo que poco a nada se ha sentido su efectividad para combatirlo o para no incentivar su realización por la cantidad de casos sin resolver.

El narcotráfico no es un fenómeno que está o ha llegado ahora y que estuviera influyendo o coqueteando en las esferas del poder.  Es de mucho más atrás, para la época de Balaguer en la década de finales de los ochenta, ya nuestro padre denunciaba este flagelo como de que habían personas cercanas al Palacio que estaban siendo influenciados por ese aspecto.

Entonces lo que vemos hoy, no es producto de la casualidad, sino causalidad de factores múltiples, donde la mercancía “dinero” ha estado haciendo estragos, en campañas políticas, promoción de políticos, y para introducirse en negocios tradicionales buscando lavar su dinero sucio de alguna manera o utilizando mecanismos de empresas que ya eran una actividad comercial conocida pero que sus orígenes no eran tan claros.

El  hecho de que la semana pasada se diera a conocer a toda la población de la situación de un empresario ligado a una familia le­gendaria en esta ciudad, adinerada y con posición, no cabe dudas que retumbó el escenario nacional y local.  Muchos aún no lo creen ni lo asumen porque los números no les dan porque siempre se asume que alguien ligado al negocio de la droga, debe ser un descalzo o uno que lo fue. Habría que esperar, que Fabio Augusto Jorge, sea o no acusado en EE. UU., para saber la dimensión y contundencia de lo que todos hemos sido testigos, en cuanto a una noticia que ha retumbado hasta en el Palacio Nacional y ligados al PRM, que vuelve a sonar esa misma campana.

Esa brecha social que hoy existe en Santiago, entre muy ricos y muy pobres, con una ambición desmedida, y ante una descomposición social cada día creciente, claro que la delincuencia, la violencia social y el narco, siguen encontrando ahora más que años atrás el “cardo de cultivo” que requiere ese terreno.  Acabemos de despertar, ya el lobo está aquí, y no era mentira.

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