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Café 55

Lincoln López advierte sobre retroceso educativo y reivindica el arte y la cultura como pilares para formar mejores ciudadanos

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Santiago, República Dominicana. – El sociólogo, escritor, dramaturgo, gestor cultural y docente Lincoln López advirtió sobre el deterioro de prácticas fundamentales para la formación educativa, como la lectura comprensiva y el estudio de la filosofía, al tiempo que reivindicó el arte y la cultura como herramientas esenciales para formar mejores ciudadanos y contribuir al desarrollo integral de la sociedad.

Durante una amplia conversación en el espacio El Café de Diario 55, López reflexionó sobre la educación dominicana, sus experiencias en el teatro y las artes, las carencias culturales de Santiago, la formación musical, el pensamiento crítico, la identidad nacional y la necesidad de que las nuevas generaciones tengan un mayor acercamiento a la lectura, la música, el teatro y otras manifestaciones artísticas.

El intelectual recordó la importancia que tuvieron la lectura expresiva y comprensiva durante su formación escolar y lamentó que estas prácticas hayan perdido espacio dentro del sistema educativo.

“Había que leer porque la lectura es fundamental para la enseñanza de la escritura. Tú tienes que leer expresivamente y comprensivamente”, expresó López, al rememorar que los estudiantes no solo debían leer un texto, sino también explicar inmediatamente lo que habían entendido.

En ese sentido, consideró preocupante que actualmente se preste mayor atención a la escritura sin que necesariamente exista una adecuada comprensión de lo leído.

“Hoy día nos estamos concentrando nada más en la escritura con mucha deficiencia”, manifestó.

López también resaltó el valor de los símbolos y las fechas históricas dentro del proceso educativo y planteó que la escuela debe establecer una relación más cercana con acontecimientos fundamentales de la historia dominicana.

A modo de ejemplo, consideró que el inicio del año escolar podría vincularse con el 16 de agosto, Día de la Restauración de la República, como una forma de fortalecer desde las aulas el conocimiento histórico y la identidad nacional.

“La educación tiene símbolos. El inicio del año escolar aquí debiera comenzar el 16 de agosto, Día de la Restauración de la República. Eso es un símbolo”, sostuvo.

Asimismo, planteó la posibilidad de desarrollar actividades educativas relacionadas con el proceso restaurador entre el 16 de agosto y el 6 de septiembre, período en el que podrían abordarse acontecimientos como el Grito de Capotillo y el incendio de Santiago.

El arte como parte de su formación

Durante su participación en El Café de Diario 55, Lincoln López también recordó que su acercamiento al arte comenzó desde temprana edad, impulsado por una disciplina familiar que procuraba mantenerlo vinculado a diferentes actividades educativas, culturales y deportivas.

“En mi casa existía la política familiar de que había que mantenerte ocupado. No era suficiente ir a la escuela, había que ir al inglés, había que ir a Bellas Artes y los sábados había que ejercitar un deporte obligatorio”, relató.

Explicó que fue precisamente en Bellas Artes donde lo que inicialmente era una actividad complementaria terminó convirtiéndose en una vocación.

“Cuando en Bellas Artes ya yo terminaba los cursos y me ofrecieron ser miembro del cuadro de actores oficiales, ahí inicio realmente profesionalmente el asunto de teatro”, señaló.

Aunque cursó la carrera de Derecho, López aseguró que nunca asumió esa profesión como su verdadera identidad.

“Terminé Derecho e hice mi tesis de derecho de autor, pero siempre digo que yo no soy abogado, estudié Derecho”, expresó.

Al referirse a su formación teatral, explicó que la enseñanza de su generación estuvo fuertemente influenciada por la tradición española, con un especial énfasis en la palabra, la declamación y la poesía.

“Bellas Artes se caracterizó por la influencia española de que la enseñanza del teatro era oral más que corporal. Por lo tanto, había más énfasis en el parlamento y, antes del parlamento, en la poesía”, explicó.

Recordó también el impacto que tuvo la poesía coreada, mediante la cual comenzaron a integrarse con mayor fuerza la voz, el movimiento y la expresión corporal.

Lamenta carencias culturales de Santiago

López manifestó preocupación por las limitaciones que todavía enfrenta Santiago en materia de infraestructura y desarrollo cultural, pese a ser la segunda ciudad de mayor importancia del país.

“Todavía hoy día no existe un grupo profesional de teatro como existe en la capital en Bellas Artes. Todavía Santiago no tiene una sinfónica como tiene la capital”, afirmó.

Al comparar la realidad dominicana con otros países, citó el caso de Cuba para destacar la importancia que, a su juicio, tiene la inversión sostenida en educación artística y cultura.

Para López, las sociedades que incorporan el arte a sus procesos formativos no necesariamente buscan crear únicamente artistas profesionales, sino ciudadanos con mayor sensibilidad, disciplina y capacidad para convivir con los demás.

En ese contexto, relató una anécdota atribuida a un ministro de Cultura japonés, a quien, luego de una graduación masiva de estudiantes de violín, le preguntaron qué haría el país con tantos violinistas.

“Entonces él contestó lo siguiente: ‘Japón no quiere más violinistas, quiere mejores ciudadanos’”, narró.

A partir de ese ejemplo, sostuvo que esa es precisamente una de las principales funciones sociales del arte.

“Eso es el arte: para que el ser humano sea mejor”, afirmó.

López defendió que la música, el teatro, la pintura y otras disciplinas artísticas pueden contribuir a desarrollar sensibilidad, responsabilidad, disciplina y respeto por los demás, elementos que considera fundamentales para la convivencia social.

Formación y disciplina en la vida del artista

El sociólogo y dramaturgo también abordó durante la conversación la percepción de que los artistas poseen un temperamento diferente o una personalidad particularmente voluble.

A su juicio, existe un “temperamento artístico”, pero este debe ser entendido a partir del contexto, la formación y el estilo de vida de quien se dedica al arte.

“Hay temperamento artístico, esa pasión dentro por el arte, y eso hay que entenderlo en función de que tú no tienes exactamente los mismos patrones que el otro”, manifestó.

Recordó que durante buena parte de su trayectoria teatral desarrolló una vida principalmente nocturna, debido a los horarios de ensayos y presentaciones.

Sin embargo, rechazó los estereotipos negativos alrededor de quienes se dedican a las artes y aseguró que su experiencia le ha permitido conocer personas profundamente comprometidas con la sociedad.

“Yo no me he encontrado nada raro. A mí me encanta estar con artistas, con gente del arte”, indicó.

Al analizar la denominada época dorada del merengue, recordó la gran cantidad de orquestas populares que existieron durante la década de 1980 y destacó cómo la formación académica y la disciplina han permitido a numerosos músicos sostener carreras de larga duración.

Como ejemplo, relató la historia de un músico dominicano procedente de un sector humilde de Santiago que emigró a Nueva York junto a su madre, recibió una extensa preparación musical y posteriormente alcanzó reconocimiento internacional trabajando con la orquesta del cantante Marc Anthony.

Para López, experiencias de esa naturaleza demuestran el impacto que pueden tener la educación, la formación y las oportunidades en el destino de una persona.

Resalta iniciativas culturales comunitarias

El gestor cultural destacó además el trabajo que realizan proyectos independientes para acercar las artes a niños y jóvenes de distintas comunidades.

Entre ellos mencionó la escuela de arte de pintura Leonardo da Vinci, en Tamboril, de la cual resaltó que ofrece formación y materiales de manera gratuita.

“Está desarrollando un programa que hay que apoyarlo, la escuela de arte de pintura Leonardo da Vinci, gratis, sin cobrar; una labor a favor de la comunidad de Tamboril”, señaló.

Indicó que iniciativas como esta demuestran que el desarrollo cultural también puede surgir desde las comunidades y gracias a la vocación de personas comprometidas con las artes.

“El arte sobrevive y sobrevive”, afirmó.

Calidad por encima de las etiquetas musicales
López también cuestionó la separación estricta que suele hacerse entre la música clásica y la popular, al considerar que el verdadero criterio debe ser la calidad.

“No hay diferencia entre lo clásico y lo popular. ¿Dónde es que está el cordón umbilical? En la calidad, nada más”, sostuvo.

Recordó, en ese sentido, las tertulias dominicales que durante aproximadamente 20 años compartió con el violinista Leonel Cantinsano, encuentros en los que conversaban sobre música, literatura, arte y distintos aspectos de la cultura.

Actualmente, explicó, continúa participando en una tertulia cultural los lunes, espacio que aprovecha para recuperar poemas aprendidos durante su juventud y mantener activa su relación con la literatura.

Al ser cuestionado sobre sus preferencias musicales, respondió que no establece barreras entre géneros.

“La música que me gusta, cualquiera, la que es buena”, expresó.

Agregó que su apreciación depende fundamentalmente de que una determinada manifestación posea valor artístico: “Si no es arte, entonces no es arte. Si es arte, no tengo problema. Eso depende del momento”.

Dentro de sus referencias mencionó al cantautor argentino Facundo Cabral, particularmente por el contenido filosófico de sus composiciones y monólogos.

En ese punto de la conversación, López dejó una de sus reflexiones más personales: “El amor nunca muere, solo cambia de lugar”.

Filosofía y pensamiento crítico

Otro de los aspectos abordados en El Café de Diario 55 fue la importancia de la filosofía en la formación humana.

López lamentó la pérdida de espacio de esta disciplina dentro de la educación secundaria y consideró que ello repercute negativamente en la capacidad de las nuevas generaciones para analizar, cuestionar y confrontar ideas.

“Nos ha afectado totalmente sacar la filosofía de las escuelas secundarias, porque el pensamiento es la base del ser humano. Ahí es donde tú puedes desarrollar el pensamiento crítico”, afirmó.

Aclaró que enseñar filosofía no debe limitarse a memorizar nombres, fechas o corrientes de pensamiento, sino a desarrollar la capacidad de argumentar, escuchar posiciones diferentes y construir conclusiones.

“Lo importante de esta conversación no es estar de acuerdo, sino que cada quien haga su argumento a fin de lograr un propósito, llegar a la síntesis”, puntualizó.

También cuestionó la tendencia a convertir las diferencias de criterio en conflictos personales.

“Mucha gente cree que los enfrentamientos de ideas se hacen porque tú y yo somos enemigos. Eso es un concepto primario, elemental, rudimentario”, expresó.

Cultura, identidad y responsabilidad ciudadana

López insistió en que la educación debe ir acompañada de valores y de una sólida identidad cultural.

Al referirse a experiencias educativas de otros países, destacó la participación de estudiantes japoneses en la limpieza y el cuidado de sus centros escolares como ejemplo de responsabilidad colectiva.

A su juicio, la escuela debe complementar la educación recibida en la familia y contribuir desde los primeros años a la enseñanza del orden, el respeto y la responsabilidad compartida.

“La escuela termina complementando esa formación que se requiere a la familia; no la sustituye, la complementa”, sostuvo.

De igual manera, defendió la necesidad de proteger la identidad nacional frente a una sociedad cada vez más influenciada por el consumismo y el interés exclusivamente material.

“Es tan importante la identidad nacional. Tú tienes que tener identidad nacional, porque si no vas a ser indiferente a todo”, manifestó.

Para López, el progreso humano no puede medirse únicamente a partir de la riqueza económica.

“Un hombre, una mujer con educación, con cultura, con apreciación del arte ha progresado más que un multimillonario sin eso”, afirmó.

El intelectual sostuvo que una sociedad que descuida la educación, el pensamiento crítico, las artes y sus referentes culturales corre el riesgo de formar individuos con grandes capacidades para consumir o producir bienes, pero con limitaciones para comprender su entorno y relacionarse responsablemente con los demás.

En ese sentido, llamó a entender la cultura como un proceso que requiere atención permanente.

“Recordar que la cultura solo la produce el ser humano y debe ser cultivada. Y cultivar la cultura quiere decir que tú tienes que abrir tu mente, sembrar, establecer un proceso para cosechar”, expresó.

López advirtió finalmente que el inmediatismo, acompañado del consumismo y otras tendencias contemporáneas, puede conducir a la sociedad por caminos perjudiciales si no existe una formación humana que acompañe el desarrollo económico y tecnológico.

Su reflexión durante El Café de Diario 55 dejó como eje central la necesidad de recuperar la lectura comprensiva, fortalecer el pensamiento crítico y otorgar al arte y la cultura un lugar fundamental en la educación, no exclusivamente para producir escritores, músicos, actores o pintores, sino para contribuir a la formación de ciudadanos más sensibles, responsables y conscientes de su papel en la sociedad.

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