Opinion
Por Leo Núñez y su familia

Un doce de septiembre del año 2019, sucedió un hecho en contra de un joven, que en ese momento contaba con 26 años de edad, de nombre Leo Núñez, que llegando a su casa desde Puerto Plata, en la zona de Gurabo, fue interceptado por dos individuos, que sin mediar palabras lo encañonaron y le pidieron su celular y sin piedad, le dan un tiro en la espalda, quedando él tirado sin poder moverse en la calle.
Esto fue el inicio del cambio de vida rotunda, pero no solamente para Leo, sino para toda su familia. Sus planes de casarse que ya tenía previsto, se vieron frustrados en el proceso de recuperación, porque había quedado paralítico de forma total, en principio, de la cintura hacia abajo, producto del disparo dado sin piedad. Pero Dios tenía todo un propósito para él.
Para su familia, su madre tuvo que dejar toda vida que pretendía iniciar en Santo Domingo, para venir a estar y cuidar de su hijo. Su hermana, tuvo que parar los estudios universitarios para también ayudar a su madre y hermano.
Lo primero, era buscar que Leo recuperara su vida y que estuviera a salvo y sano, que comenzara a tener una nueva manera de proseguir la misma.
Tuvo que someterse a innumerables operaciones durante años y concomitantemente tenía que estar asistiendo y cumpliendo con la justicia respecto a su proceso. Los imputados que intentaron arrebatarle, no solo el celular, sino su vida, fueron apresados con diferencia de casi un año, entre uno y otro, todo esto en medio de la pandemia. Con estos inconvenientes, Leo también tuvo que sortear, para lograr llevar a cabo su juicio y estar presente en la mayoría de las audiencias, cuando el tratamiento u intervención que tuviera en ese momento le permitiera y que pudiera estar en el país.
El, Leo, tuvo una suerte diferente a Vanessa Ramírez Faña, que por el mismo motivo del robo de un móvil, y cerca del lugar donde ocurrió el de ella, pudo salir con vida.
Para lograr su recuperación, tuvo su familia que recurrir, no solo a los recursos propios, sino a los que pudieron conseguir por donaciones dadas desde todo el país y fuera de aquí, y de todo buen corazón que veía en él, a un hijo, hermano, amigo o compañero. Fue todo un mar de solidaridad, volcada hacia Leo y su familia.
Como su apoderado, hemos conocido pocos corazones con la fuerza e ímpetu de Leo, que nunca se rindió y el valor que tuvo al poder declarar frente a sus verdugos en juicio, en primer grado. La única condición que le expusimos a él y su familia para defenderlo, era que, dijera la verdad respecto al hecho y que si solamente había podido ver uno de los dos, mantuviera esa postura en juicio. Así, hasta ahora lo ha mantenido.
Decidimos asumir el caso, porque su madre, había sido compañera y amiga nuestra desde el colegio y además, nos identificamos con su caso, porque vimos en él, nuestra situación y la de muchas víctimas. No era un caso fácil, por las circunstancias en que ocurrieron y que solamente logró ver uno de los dos delincuentes, como lo habíamos indicado, y además, lograr encontrar el móvil robado para ubicar el paradero de los imputados.
Hoy día, luego de años de batalla judicial y médica, Leo, ha logrado obtener dos sentencias en las que se confirman la decisión de condena de veinte años contra ese imputado que logró ver y a espera de la decisión de la Suprema.
En cuanto a la salud, logró, luego de años de terapia, cirugías incómodas y gracias al tesón y persistencia de Leo, caminar arrastrando aún una de sus piernas, pero cuando todo inició, los médicos le habían pronosticado que no volvería a caminar. Se unió en matrimonio con una excelente mujer y hoy busca fuera del país intentar rehacer su vida, buscando que su corazón y espíritu no sea minado por el odio, la frustración ni la venganza, pero siempre exigiendo justicia.
Ese día 12 de septiembre, fue uno de esos en que como ser humano, das gracias a Dios por la vida de Leo, la de su madre, hermana, hermano,y todos los seres queridos y amigos que han puesto su mano de alguna manera para que lo que hoy es Leo, sea una realidad y que nunca haya sentido la soledad y el abandono. Que tuvo amor y solidaridad todo el tiempo.
Agradecer a Dios, que nos puso en su camino porque, fue para nosotros más ayuda, que lo que fuimos para él. Y con este caso, nos enseñó tantas cosas que llenaron nuestro interior de forma rotunda y un gran mensaje. Que nunca debemos rendirnos a pesar de los obstáculos y sobre todo, creer y confiar en el Altísimo.
Y reconocer que existe la fuerza del Todopoderoso que cuando pone su mano sobre un justo que pide, mueve todo para que aquello que parecía imposible para todo ser humano, para Él será posible. Gracias Leo, esta va por ti.

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