Connect with us

Deportes

Kitsy Ycaza, la jocketa ecuatoriana que rompe barreras

Published

on

Santo Domingo. – La historia de Kitsy Ycaza es todo menos ordinaria. Esta jocketa ecuatoriana avanza por la vida con un ritmo propio, como los salmones que nadan contra la corriente.

La palabra “única” encapsula perfectamente la esencia de Kitsy, quien en mayo de 2024 decidió establecerse en la República Dominicana para abrirse camino en un deporte que ha sido tradicionalmente dominado por hombres.

Un viaje lleno de sacrificios

Su incursión en la hípica no ha estado exenta de sacrificios y caídas, que han dejado marcas tanto físicas como emocionales. Sin embargo, Kitsy no tiene dudas de que tomó la decisión correcta al seguir su pasión por los caballos.

La jocketa también se siente satisfecha con su elección de radicarse en el país caribeño. Asegura que vino, vio y venció, decidida a forjar su propio camino, aunque sus primeros pasos en territorio dominicano fueron resultado de una propuesta que recibió años atrás.

Una oportunidad que cambió su rumbo

La idea de probar suerte en la República Dominicana nació en 2019, cuando el comentarista y narrador dominicano Robert Sánchez la observó competir en el Hipódromo Miguel Salem Dibo, en Ecuador, donde las carreras son limitadas a una cartelera semanal.

“¿Tienes buen físico, por qué no te arriesgas?”, le preguntó, una propuesta que la sedujo, aunque sus padres, Katty Molina y William Ycaza, se opusieron inicialmente. Finalmente, accedieron con una condición: debía concluir su carrera en Zootecnia y Veterinaria en la Universidad Agraria del Ecuador. Kitsy cumplió el pacto y hoy ese título representa su “plan B”.

“Ese fue nuestro acuerdo. Las cosas se dieron y aquí estamos. Ha sido una experiencia hermosa; he tenido muchas oportunidades y nos ha ido bien gracias a Dios”, expresa la guayaquileña de 26 años.

Amor a primera vista por la República Dominicana

Desde su llegada, Kitsy ha establecido un vínculo especial con la República Dominicana, describiendo su experiencia como un amor a primera vista. Le encanta la gente, la hospitalidad y la gastronomía, especialmente los tres golpes y el pati-mongo.

Reside sola, muy cerca del Hipódromo V Centenario, donde compite regularmente junto a destacados jinetes del país. Su larga cabellera negra, que sobresale bajo el casco, permite a la afición identificarla como una de las pocas mujeres que compiten con igual destreza.

Una herencia familiar en la hípica

Kitsy creció en un entorno familiar vinculado a la hípica. Su padre, al igual que su abuelo, tíos y primos paternos, fue jockey. A los 13 años, la dejaron montar “por una temporada” como una forma de “matar el bichito”. Sin embargo, su pasión por los caballos solo creció.

Se convirtió en la primera y única jocketa ecuatoriana, rompiendo barreras en un entorno tradicionalmente masculino.

Desafíos y determinación

No todo ha sido triunfo en su carrera. Ha enfrentado varias caídas, pero ninguna tan impactante como la del año pasado, cuando competía en el poste de los 800 metros sobre el caballo “Brook Side”, que se desplomó repentinamente y cayó parcialmente sobre ella.

El accidente le provocó la salida de la clavícula. Inicialmente se pensó que el animal había sufrido lesiones en las extremidades, pero luego se determinó que había padecido un preinfarto.

“Una quiere hacerse la fuerte, pero monté muchos caballos con miedo por un buen tiempo. Perdí carreras porque no me sentía segura”, admite. En otra caída anterior, recibió cinco puntos de sutura en el labio superior.

Una pionera en la hípica dominicana

Kitsy es apenas la segunda mujer en participar en pruebas hípicas en la República Dominicana, siendo la pionera Felicia Leclerc, instructora en la Escuela de Jinetes.

Para Rafael Díaz, director de Comunicaciones de la Comisión Hípica Nacional, Kitsy es “muy trabajadora, disciplinada y dedicada”, con cualidades técnicas que la hacen competir “de tú a tú” con los mejores jinetes.

Su desempeño ha sido evaluado incluso para montar en otros hipódromos del Caribe, como El Camarero, en Puerto Rico.

Un coraje que no tiene género

A pesar de su apego al país, Kitsy extraña a su familia y el tradicional “encebollado” ecuatoriano. En lo personal, responde con discreción a preguntas sobre su vida sentimental.

“Ni de gustos ni de sabores hablan los doctores”, dice entre risas.

Así, entre disciplina, fe y determinación, Kitsy Ycaza continúa demostrando que el coraje no tiene género y que, a veces, nadar contra la corriente es la única forma de avanzar.

Trending