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Un Momento – Cargar juntos la fragilidad

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Nunca olvidemos a quienes sufren en su cuerpo, en su mente o en su alma. Todos, en algún momento, necesitamos del otro para sostenernos. Y ahí entra la fe a recordarnos que todos miembros de un mismo Cuerpo: el Cuerpo de Jesucristo. Cuando uno cae, el cuerpo entero siente el peso; cuando uno es levantado, todos se benefician.

No basta saber que alguien sufre; es necesario acercarse y acompañar. A veces el mayor alivio es sentirse acompañado, saber que no se está solo.

Compartamos solidariamente el dolor de los demás. Es un acto profundamente humano y cristiano. Allí, Cristo mismo se hace presente y la esperanza, poco a poco, vuelve a nacer.

Hasta mañana, si Dios, usted y yo lo queremos.

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