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Opinion

La “reelección indefinida”

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En el código político latinoamericano, la idea de “reelección indefinida”  es peyorativa, funesta, sugiere codicia desmedida, dejar hacer y dejar pasar, atropellos y mil aspectos negativos adicionales. Los precedentes fueron desastrosos, nuestros presidentes se aferraban al poder y buscaban cualquier mecanismo legal para justificar sus ambiciones.

Joaquín Balaguer, el más inmortal de los dominicanos, dizque despreciaba la “reelección indefinida”, cuando la verdad, con la paciencia de un sabio chino, esperaba el momento oportuno para asumirla, alegando que las circunstancias lo “obligaban”. Me refiero a él, no por ser el único, sino porque es el más destacado y habilidoso referente.

Entonces, buscando complacer al poder y a la vez limitar la codicia que encarna, buscamos opciones, como “solo dos períodos consecutivos” o aumentar los años del mandato presidencial. Con ello quedábamos todos conformes, pues eso era la democracia participativa, con posibilidad de alternarse en la dirección del gobierno. Al pensar así, nos sentíamos los más puros atenienses.

Pero acaba de ocurrir algo que encendió la alarma de los promotores de la democracia: la Asamblea Legislativa de El Salvador ha permitido la “reelección indefinida”. Afirman, como si no fuera lógico, que se hizo para complacer y beneficiar al presidente Nayib Bukele.

No haré juicio de valor al respecto, pues en un mundo tan dislocado ideológicamente, donde la izquierda y la derecha se confunden, el socialismo es esposo y socio del capital y resurgen los zares y los emperadores en oriente y occidente, un prudente silencio es lo adecuado.

Sí quiero relatar mi experiencia en El Salvador las tres ocasiones que lo visité. La primera en 1997, participando en un evento que promovía la paz en la región. En ese momento prácticamente no salí del hotel por culpa de la anarquía que existía en todo el país. Mataban uno en cada esquina. El terror imperaba.

La segunda  y la tercera vez  fue hace dos años. Pude disfrutar de esa hermosa nación y compartir bastante con su gente. Observé un pueblo bueno, unido en el bien, con seguridad en las calles, que trabaja por su felicidad y bienestar. El Salvador se siente activo, con mucho turismo, un comercio creciente, sus restaurantes repletos, las ciudades limpias, con reglas del juego claras y la esperanza en que continuará el desarrollo.

No es mi intención juzgar al gobierno de Nayib Bukele. Entiendo que algunas de sus decisiones en materia de Derechos Humanos pueden ser cuestionables, pero es innegable que han dado buenos resultados, ¡caramba, es muy evidente! Entonces me pregunto: ¿Es correcto que Bukele se pueda reelegir indefinidamente hasta que los salvadoreños determinen lo contrario, mediante el voto en las urnas? ¿Qué opina usted? Yo, no sé.

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