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Se habla mucho de liderazgo, también dentro de la vida cristiana. Sin embargo, corremos el riesgo de confundir liderazgo con poder, autoridad, protagonismo o capacidad de imponer criterios. El liderazgo cristiano tiene otro camino: no busca estar por encima de los demás, sino ponerse a su servicio.

Jesús no enseñó a sus discípulos a dominar, sino a servir; ni tampoco a buscar privilegios, sino a entregar la vida por los demás. Por eso, quien verdaderamente lidera no necesita imponerse, pues convence con el ejemplo, escucha, acompaña, y sabe ponerse al lado de quien más lo necesita.

Continuemos esta semana preguntándonos no cuánto podemos recibir, sino cuánto podemos aportar. El liderazgo cristiano comienza cuando vencemos el egoísmo y hacemos de nuestra vida una semilla de concordia, justicia y solidaridad. Hasta mañana, si Dios, usted y yo lo queremos.

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