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Opinion

El gobierno de la propia vida

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Gobernar la propia vida es una de las tareas más difíciles y, al mismo tiempo, una de las más nobles del ser humano. Comer, beber, descansar, divertirse y disfrutar de los bienes de la creación son realidades buenas y necesarias. Sin embargo, todo bien, cuando se vive sin medida, puede convertirse en una cadena que limita la libertad. Quien no aprende a poner orden en sus apetitos termina siendo dominado por ellos y pierde, poco a poco, el señorío sobre sí mismo. De ahí la importancia de la templanza. Esta virtud no prohíbe disfrutar de los bienes de la vida; enseña, más bien, a usarlos con moderación y equilibrio. La libertad consiste en saber gobernar los propios deseos para que ellos nunca lleguen a gobernarnos. Hasta mañana, si Dios, usted y yo lo queremos.

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