Opinion
¡Nuestro índice de criminalidad!
Hace días, la Policía Nacional informó que la tasa acumulada de homicidios en el país se mantiene en 7,30 por cada 100 mil habitantes, mientras que el 82,4 % de las demarcaciones registran cifras en un solo dígito. Un amigo que leyó ese informe me dijo: ¡Pedro, eso es mentira! Buscó mi reacción. Le respondí: ¡eso es verdad!
Lo expreso con notable orgullo patrio: “Desde hace varios años somos de uno de los países más seguros de América Latina’. Y cuando alguien lo duda, de inmediato lanzo mi pacífico misil: “En República Dominicana el índice de criminalidad está por debajo del de Uruguay y Costa Rica”.
Y, como es habitual, parte de quienes escuchan mi argumento no me creen y recurren a Google o a Chat GPT para verificar si es cierto. Y también, como suele ocurrir con este tema (no necesariamente con otros) salgo airoso, aunque al final, de todas maneras, siempre habrá “chivos incrédulos”,
Ahora viene la obligada pregunta: ¿cómo se mide el índice de criminalidad de un país? Responderemos que no existe un método único, pero el más aceptado consiste es medir la frecuencia y gravedad de los delitos en relación con la población; y en este caso, el homicidio es el indicador más confiable y el preferido por organismos internacionales como la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe y el Banco Mundial.
Y hay una razón muy práctica para decidirnos por este sistema: resulta más fácil contabilizar los homicidios que otros delitos, por ejemplo, el robo, narcotráfico y violencia doméstica, los cuales muchas veces no se denuncian. Aquí se toma en cuenta la cantidad de homicidios por cada cien mil habitantes.
Tomemos los datos oficiales de 2025, cuando nuestra tasa de homicidios se situaba entre 8,15 y 8,7. Esto implica que nuestro grado de violencia era moderado, no alto y mucho menos crítico. Y en lo que va de año hemos mejorado, y es la tendencia.
En la región, muy pocas naciones tienen la paz social y el nivel de sana convivencia que nosotros. Comparen alrededor. Hay lugares donde es imposible salir a la calle sin la real posibilidad de ser asaltado o asesinado, donde el sistema de justicia es muy débil y los cuerpos del orden público son, al menos, incompetentes.
Aunque nos falta mucho camino por recorrer, estamos avanzando, quizás no al paso que deseamos y necesitamos. Las reformas de las instituciones vinculadas con la seguridad ciudadana deben continuar. Mientras tanto, lo escribo con satisfacción y fe en el porvenir: nuestro índice de criminalidad es de los más bajos de América Latina.
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