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Opinion

Un Momento – Fiestas que terminan en tragedia

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Al llegar al final de este año 2025, nuestra mirada se dirige al Niño del pesebre, pequeño y frágil, y sin embargo Señor del tiempo y de la historia. Él, que es el Eterno, quiso entrar en nuestros días y asumir nuestra condición humana para acompañarnos desde dentro. A la luz de este misterio, hacemos memoria del año vivido, un tiempo con luces y sombras, con esfuerzos y aprendizajes, pero también con claros signos de esperanza que el Señor nos permitió ver y experimentar. Nada ha quedado fuera de su mirada ni de su misericordia.

Por eso, al cerrar este año, nos encomendamos a Él con confianza filial y elevamos una acción de gracias sincera:

Señor Jesús, gracias por el año que termina, gracias por acompañarnos, gracias porque, aun en medio de nuestras fragilidades, nunca nos soltaste de tu mano.

Desde esta fe, abrimos el nuevo año con esperanza y corazón confiado.

Hasta mañana, si Dios, usted y yo lo queremos. 

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