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Las lágrimas también tienen un final

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No todas las lágrimas encuentran consuelo en esta vida. Hay pérdidas que dejan un vacío imposible de llenar y preguntas que nunca reciben una respuesta. Ante ese dolor, no hacen falta explicaciones, sino esperanza. Y esa esperanza nace de la promesa de Dios: llegará el día en que Él mismo enjugará cada lágrima de nuestros ojos. Ya no habrá muerte, ni tristeza, ni llanto, ni dolor. Mientras ese día llega, llorar no es señal de debilidad ni de falta de fe. También Jesús lloró. Nuestras lágrimas hablan del amor que hemos vivido y de las heridas que llevamos en el corazón. Pero no lloramos como quienes creen que todo termina aquí. Lloramos con la certeza de que un día Dios secará para siempre nuestras lágrimas. Hasta mañana, si Dios, usted y yo lo queremos.

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