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El Cibao

Familia exige justicia por muerte de joven baleado por la Policía en intervención festiva

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Santiago. – Miguel Ángel Miranda Flete permaneció durante cuatro días entre la vida y la muerte en un centro de salud privado de esta ciudad, hasta que finalmente falleció a causa de un disparo en la cabeza realizado por un agente de la Policía Nacional durante una intervención ocurrida la mañana del 25 de diciembre.

El hecho ha sumido a su familia y a la comunidad en el dolor y la indignación, mientras crecen las exigencias de respuestas claras y justicia. La víctima tenía 23 años, era padre de dos niños pequeños y desde muy joven había asumido el trabajo como forma de vida.

De acuerdo con los relatos recogidos, Miguel Ángel se encontraba en la vivienda de un pariente, en el sector La Ceibita de Pekín, al sur de Santiago, cuando agentes de la Policía Nacional intervinieron una fiesta callejera tradicional que cada año reúne a vecinos y amigos del lugar con motivo de la Navidad.

Eran alrededor de las 7:00 de la mañana cuando ocurrió el incidente que cambió el curso de los acontecimientos. Testigos coinciden en que el joven reclamó a los agentes por la forma en que, aseguran, se desarrollaba la intervención policial. Minutos después, según estas versiones, un policía le disparó cuando estaba de espaldas, impactándolo en la cabeza.

Gravemente herido, Miguel Ángel fue trasladado de urgencia a un centro de salud privado, donde permaneció ingresado y fue sometido a varias intervenciones quirúrgicas en un intento por salvarle la vida. Falleció el 29 de diciembre.

Durante esos días, su familia vivió una espera marcada por la angustia. Su madre, María Flete, ha presentado un profundo deterioro de su salud emocional y enfrenta un cuadro depresivo tras la pérdida de su hijo.

Miguel Ángel era el tercero de cuatro hermanos, hijo de Miguel Antonio Miranda, de 51 años, quien lo recuerda como un trabajador incansable.
“Desde que tenía dos años estaba conmigo en la carnicería”, relató su padre, conmovido.

En las mañanas trabajaba como carnicero y en las tardes se ganaba la vida como motoconchista, con el objetivo de sostener a su familia. Aunque solo cursó hasta tercero de primaria, sus allegados aseguran que tenía metas claras: trabajar, criar a sus hijos y salir adelante.

Además de sus oficios, ayudaba económicamente a vecinos y compañeros cuando podía. Era pareja de Zoila Jorge, madre de sus dos hijos, quienes hoy quedan huérfanos de padre.

En el ámbito comunitario, se desempeñaba como coordinador de la zona sur de la Federación de Mototaxis del Cibao, donde era valorado por su liderazgo y compromiso social. Su presidente, Miguel Jiménez, lo definió como “un hombre trabajador, responsable y con liderazgo”.

Clamor de justicia

Dirigentes comunitarios y vecinos expresaron su temor de que el caso quede impune. “Esperamos que esta muerte no se sume a la lista de jóvenes inocentes que han perdido la vida a manos de agentes policiales sin consecuencias”, expresó Jiménez.

En su comunidad, Miguel Ángel es recordado como un joven tranquilo, solidario y sin antecedentes judiciales.
“Era un muchacho bueno”, repiten los residentes, quienes aún no comprenden cómo una celebración terminó convirtiéndose en tragedia.

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