Opinion
¿Es República Dominicana un destino cultural?
¡No lo es! Un estudio de 24,000 visitantes de más de 150 ciudades del mundo, clasificó las mejores metrópolis culturales. La elevada oferta de museos, teatros y conciertos musicales, se articuló al arte público y callejero, al cine local, las fiestas, festivales, ferias innovadoras y una narrativa constructora de leyendas encantadoras y universalizables.
El turismo cultural no lo construyen los países; lo edifican las ciudades. Son los territorios con identidad, patrimonio y creatividad que logran atraer visitantes, inversiones y prestigio internacional. Sin embargo, en República Dominicana esta realidad sigue siendo más discurso que política pública.
Los retos de transformar decenas de ciudades dominicanas en destinos culturales son decisivos. Hay grandes oportunidades que van desde la formación de guías turísticos, definición de agenda culturales de las principales ciudades hasta la operación de las llamadas cuentas satélites de cultura.
Hace unos años nos llamó para pedirnos nuestra colaboración, la teniente-alcalde de Barcelona, Laura Pérez, que a su vez era la secretaria general del Centro Iberoamericano de Desarrollo Estratégico Urbano. Deseaba visitar el Museo Casa de las Hermanas Mirabal en Ojo de Agua, Salcedo con la delegación europea que le acompañaría.
En vista de la magnitud de la visita, que se realizaría a propósito del Congreso de Ciudad, Cultura y Desarrollo a efectuarse en Santiago, me comuniqué con Jaime David Fernández Mirabal, quien accedió gustoso a colaborar el respecto.
Las instalaciones de este museo y mausoleo, que es una extensión del Panteón Nacional, estaban impecables. Sin embargo, el grupo de guías puso la nota discordante al no mostrar una narrativa de los hechos, de honor, solemnidad y proyección universal. Eso acontece en la Catedral Santiago Apóstol; la Basílica, El Monumento a los Héroes, el Santuario San Martín de Porres y cientos de sitios más.
En 2025, el turismo mundial movilizó unos 1,520 millones de personas, 40% de esta población realizó actividades culturales. Mientras tanto, el consumo cultural local representa 1.6 % del PIB, muy por debajo del promedio mundial de 3.5 %.
Esta brecha revela una verdad incómoda: el país continúa explotando el turismo de sol y playa, pero desaprovecha su enorme riqueza cultural.
Ni el Ministerio de Cultura, ni el Ministerio de Turismo articulan estrategias para posicionar ciudades como Baní, Santiago, Santo Domingo, Higüey, Puerto Plata o Salcedo como destinos culturales. Ferias del mango, festivales de cigarros Procigar, congresos de música del Centro León y decenas de eventos de calidad internacional, siguen sin promoción sistemática.
Ninguno de los tres ministros de cultura de la gestión presidencial de Luis Abinader, ni tampoco los precedentes, asumieron la tarea de proyectar las diversas ciudades en el mercado turístico mundial.
Sorprenden las tareas inconclusas del ministro de turismo actual quien, encaramado en la sostenibilidad histórica del turismo dominicano, proyecta los éxitos actuales, a la espera del beneficio político para obtener su soñada candidatura presidencial.
El problema no es la ausencia de atractivos, sino la debilidad institucional. Muchos sitios históricos carecen de guías capacitados, narrativas modernas y experiencias memorables. El visitante llega, observa y se marcha sin comprender las leyendas y el valor universal del lugar.
Poseemos patrimonio, talento y diversidad cultural suficientes para competir en el mercado global. Lo que falta es liderazgo político y una estrategia que convierta la cultura en motor económico. Sin esa visión, el país seguirá siendo un destino exitoso de playas, pero una potencia turística-cultural represada.
Reynaldo Peguero rpeguero@strategius.org