Opinion
¿Es Raquel Peña garante del legado de Luis Abinader?

Reynaldo Peguero
rpeguero@strategius.org
La “Lechuza de Minerva” de Friedrich Hegel es la metáfora que explica cómo la comprensión de una época solo emerge cuando esta madura. Así como la lechuza emprende vuelo al caer la tarde, la interpretación histórica y política de un proceso se alcanza cuando el tiempo permite evaluar resultados, impactos y consecuencias.
En la República Dominicana comienza a consolidarse esa mirada sobre el ciclo político encabezado por Luis Abinader. Con apenas seis años de fundado, el Partido Revolucionario Moderno logró desmontar la poderosa estructura electoral del Partido de la Liberación Dominicana, organización creada por el maestro de la política y las letras Juan Bosch, que gobernó el país durante varios períodos.
Muchos dirigentes del oficialismo todavía no logran dimensionar la trascendencia histórica de ese proceso político. Sin embargo, una figura parece haber comprendido con mayor claridad la naturaleza del cambio impulsado por Abinader: Raquel Peña. Discreta, disciplinada y orientada a resultados, ha construido una imagen pública basada menos en la confrontación y más en la eficacia administrativa, la cercanía social y la estabilidad institucional.
La eventual construcción de su liderazgo nacional parece sustentarse sobre una idea fuerza: preservar y profundizar el cambio sin desviarlo hacia proyectos caudillistas o personalistas. Frente al pasado, representa una continuidad corregida y modernizada del modelo gubernamental actual. Frente a competidores internos, transmite garantías de estabilidad y coherencia en el rumbo político y económico. Y frente a la ciudadanía, proyecta serenidad, credibilidad y capacidad de gestión.
El PLD, luego de alcanzar uno de los ciclos de poder más largos de la historia democrática dominicana, terminó atrapado por sus propias contradicciones. Mientras impulsó importantes obras de infraestructura y estabilidad macroeconómica, también convirtió amplios segmentos del Estado en instrumentos de acumulación política y económica para sectores partidarios.
El presupuesto público pasó a funcionar, en muchos casos, como mecanismo de creación de capital político y fortunas privadas. No existía reforma política, designación de jueces de altas cortes, elección de titulares de órganos extrapoderes, presidencias legislativas o estructuras fundamentales del Estado que no fueran previamente definidas en los círculos de dirección del partido oficialista de entonces. Aquella centralización excesiva debilitó la institucionalidad y erosionó la confianza ciudadana.
Intelectuales y analistas como Wilfredo Lozano, César Pérez, Rosario Espinal, Huchi Lora, Juan Bolívar Díaz, Altagracia Salazar, Nuria Piera, Marino Zapete y Edith Febles documentaron durante años las distorsiones institucionales, la captura del Estado y los efectos negativos que producía aquel modelo de concentración del poder.
En contraste, el gobierno de Luis Abinader ha intentado construir un esquema menos centralizado, con mayor transparencia y una distribución territorial más equilibrada de la inversión pública. En ese contexto, Raquel Peña ha jugado un papel relevante, especialmente en la articulación económica y social del Cibao y otras regiones de desarrollo, que se consolidaron como algunos de los principales motores productivos del país.
Su experiencia previa en el sector empresarial y académico le permitió asumir funciones estratégicas durante momentos complejos. Durante la pandemia del COVID-19 coordinó el Gabinete de Salud, participando en la estructuración del proceso de vacunación, considerado uno de los más rápidos y organizados de América Latina. Aquella gestión fortaleció su imagen de funcionaria eficiente y con capacidad de coordinación multisectorial.
También encabezó mesas de trabajo vinculadas a empleo, zonas francas, educación técnica, emprendimiento e industrialización regional. Su cercanía con sectores empresariales del Cibao contribuyó a fortalecer la confianza entre gobierno y sector privado en un momento de incertidumbre económica global.
Otro aspecto relevante es que Raquel Peña ha evitado caer en los excesos de la hiperpolitización. A diferencia de otros liderazgos tradicionales, no construyó su perfil sobre el conflicto permanente ni sobre discursos radicales. Su narrativa pública se ha apoyado en resultados concretos, prudencia institucional y capacidad de diálogo.
En materia económica, el actual gobierno ha logrado mantener estabilidad macroeconómica en un contexto internacional extremadamente adverso. La recuperación del turismo, el crecimiento de las zonas francas, el incremento de la inversión extranjera y la resiliencia financiera del país han permitido que la República Dominicana continúe figurando entre las economías más dinámicas de América Latina.
Dentro de esa dinámica, el papel de Raquel Peña ha sido significativo. Ha servido de puente entre el gobierno, los sectores productivos y las regiones. Además, representa una figura con bajos niveles de rechazo social, elemento crucial en un escenario político cada vez más fragmentado.
Sin embargo, el principal desafío de cualquier proyecto de continuidad consiste en demostrar que no se limita a administrar el legado heredado, sino que posee capacidad para innovar y corregir errores. La ciudadanía dominicana demanda ahora una segunda generación de reformas: seguridad ciudadana más efectiva, fortalecimiento institucional, modernización municipal, mejoría salarial, transporte eficiente y reducción de desigualdades territoriales.
La gran interrogante política no es únicamente si Raquel Peña garantiza el legado de Luis Abinader. La verdadera cuestión es si podrá transformar ese legado en una nueva etapa de modernización nacional con identidad propia.
Por lo pronto, su figura parece sintetizar varias cualidades poco comunes en la política dominicana contemporánea: moderación, credibilidad, vínculos sociales amplios, experiencia gerencial y ausencia de estridencias. En un sistema político históricamente marcado por personalismos intensos, esa combinación podría convertirse en una fortaleza decisiva.
Hoy, Raquel Peña emerge como la dirigente mejor posicionada para preservar la estabilidad política, económica e institucional construida durante la gestión de Luis Abinader. Particularmente en regiones como el Cibao y el Sur, donde la descentralización de inversiones públicas y privadas comienza a producir transformaciones visibles.
La historia, como advertía Hegel, siempre juzga al final de la tarde. Y quizás sea precisamente ahora cuando comienza a definirse quién garantizará la continuidad, corrección y profundidad del actual proceso político dominicano.

Nacionales5 días agoPoder Judicial destaca esquema salarial y beneficios de jueces ante convocatoria a paro laboral
Deportes6 días agoSalcedo FC derrota a Cibao FC y toma ventaja en la final de la LDF 2025-2026
Café 551 semana agoGeneral retirado Damián Arias destaca congreso de geopolítica y advierte retos para República Dominicana
El Cibao6 días agoFundación Popular entrega plantas de tratamiento ecológico en San José de las Matas
Nacionales7 días agoRealizan marchan al Palacio de Justicia por el caso Jet Set
El Cibao4 días agoMovimiento “Unidos Somos Más” exige protección de la cordillera Septentrional
Internacional7 días agoIrán entrega nuevas propuestas a Pakistán para reactivar negociaciones con EE.UU.
Nacionales1 semana agoCOE amplía alerta verde a 16 provincias y el Distrito Nacional por incidencia de vaguada





















