Opinion

A primar la decencia

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Hace poco leímos un artículo de la periodista, Mariela Mejía, que nos recordaba sobre la Encuesta de Cultu­ra Democrática, que ya habíamos hecho alusión en artículos anteriores el año pasado sobre el tema de la corrupción, en el mismo, ella establecía lo siguiente:

“Viene a cuento la primera Encuesta de Cultura Democrática en la República Dominicana, que reveló que el porcentaje de personas en nuestro maravilloso país dispuestas a "tolerar cierto grado de corrupción si se resuelven los problemas" pasó del 48.3 % en abril del 2022 al 50.9 % en abril del 2023”.

“Y volvemos a la justificación. Según la encuesta, las perso­nas con menor nivel educativo y más pobres económicamente tienden a ser más permisivas con la corrupción si entienden que sus necesidades están siendo atendidas. Un ejemplo: el 52.2 % de quienes solo estudiaron la primaria justificaría hacer alguna marrulla corrupta si con eso se resuelven los problemas”.

Dentro de su artículo antes indicado y del cual tomamos la cita, también hacía alusión al tema de la directora Municipal de Miches, que Edeeste había señalado hace unos días, que estaba robándose la luz, al igual, que la institución que representaba.  Esto fue lo que resaltó:

“En Miches, por ejemplo, no pueden tirarla. La semana pasada, Edeeste informó que la junta del distrito municipal El Cedro se robaba la luz. Pero también en la casa de la direc­tora de ese mismo distrito municipal. Tuvieron que desman­telarles las conexiones irregulares. ¿A dónde vamos a parar?”

Como podemos ver, tanto en lo que resaltan los datos de la encuesta, que de un año a otro lo que hizo fue aumentar, es decir, que la idea de una parte de los dominicanos es pensar que si algo se resuelve por alguna vía que no sea ética o moral, no importa, siempre y cuando salgan beneficiados de ella. O que estarían de acuerdo en propiciar cualquier maniobra con tal de resolver, aunque sea por la vía no correcta.

Es posible que esto solamente lo estemos viendo desde un ámbito de pequeñas situaciones, sin embargo, ya hemos visto en la práctica, con todo estos casos de corrupción, de ahora y del pasado reciente y lejano, que es una manera de proceder o una cultura o una actitud que se ha ido arraigando en la medida que transcurren los años, o en la manera que se ve, que para condenar o sancionar hechos delictivos, cada día se hace o más difícil, o la impunidad se impone ante el castigo ejemplar.

Es viendo esos pequeños detalles que debemos saber que no importa el grado de corrupción que se realice, si es criminal o un delito, si es un robo simple o una estafa inmobiliaria o una gran malversación al Estado, debe comenzar a imponerse un verdadero referente de decencia y decoro ante el fenómeno de la corrupción, sea quien sea, o tenga el apellido que posea, o sea, asimismo, un “padre de familia”, que tiene que hacerlo porque las reglas del juego se han relajado y se ha preferido que prime la impunidad antes que la sanción ejemplar.

Aquí, no solamente las instituciones del Estado deben comenzar a tener un mayor compromiso con la impunidad, sino también, los gremios de profesionales, que cada vez es mayor, la participación de colegiados de su entidad que se involucran en hechos contra la moral, y sin embargo, nada reciben como sanción.

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