El Cibao
Abinader: del éxito contra la pandemia al desarrollo estructural de Santiago

Por Reynaldo Peguero
rpeguero@strategius.org
En vez de contar pobres, calcular porcentajes y buscar la indigencia con lupa, la gestión del presidente Luis Abinader entendió desde el inicio que República Dominicana necesitaba proteger su capital social, económico y territorial para convertirlo en un auténtico replicador y multiplicador del desarrollo.
Esa visión comenzó a expresarse en Santiago en septiembre de 2020, en plena pandemia de COVID-19, cuando el presidente celebró en esta provincia el primer Consejo de Gobierno de su gestión, donde junto a Juan Carlos Ortiz expusimos las prioridades del plan estratégico.
No fue un acto protocolar. Fue una señal política y territorial: llevar el Gobierno al territorio, escuchar a sus actores y convertir demandas acumuladas durante años en una agenda concreta de inversión pública.
En aquel primer Consejo de Gobierno, celebrado el 12 de septiembre de 2020, se discutieron las prioridades sanitarias, económicas y sociales de la crisis. Pero,simultáneamente, Abinader recibió de las organizaciones empresariales y de desarrollo de Santiago una propuesta estratégica para los siguientes diez años.
Ese momento tiene hoy una importancia especial. Porque cinco años después puede observarse una transición: del Gobierno concentrado en resistir la pandemia a un Gobierno que ha colocado a Santiago como uno de los principales laboratorios de transformación urbana, ambiental, vial, cultural y de movilidad de la República Dominicana, Centroamérica y el Caribe.
UNA VISIÓN TERRITORIAL QUE ARRANCA EN LA CONSTITUCIÓN
Plantar en la Constitución dominicana un principio descentralizador fue una tarea histórica de las fuerzas vivas de Santiago. El artículo 196 de la Carta Magna establece que, sin perjuicio del principio de solidaridad, el Estado procurará el equilibrio razonable de la inversión pública en las distintas demarcaciones geográficas, de manera proporcional a los aportes de cada territorio a la economía nacional.
La gestión de Abinader ha procurado llevar ese principio a la práctica mediante una redistribución territorial de grandes inversiones.
Santiago no pidió privilegios. Reclamó la correspondencia entre su aporte económico, su población, su actividad productiva y la inversión pública que requiere para continuar funcionando como capital económica y articuladora del Cibao.
Por eso resulta significativo que el Gobierno haya colocado en una misma agenda obras de movilidad masiva, agua y saneamiento, infraestructura vial, recuperación ambiental, vivienda, salud, patrimonio cultural y espacio público.
EL PRIMER CONSEJO DE GOBIERNO Y EL PUNTO DE PARTIDA
El primer Consejo de Gobierno en Santiago ocurrió cuando el país todavía enfrentaba una de las mayores crisis sanitarias y económicas de la historia mundial.
En aquel momento se priorizó la salud, se fortaleció el presupuesto sanitario y se discutieron mecanismos para recuperar empleos y actividad económica. Pero también se comenzó a construir una relación diferente entre la Presidencia y los actores territoriales.
El presidente invirtió miles de millones de pesos en pruebas rápidas, tres dosis de vacuna, internamientos y control de mortalidad, logrando que en hospitales, sectores vulnerables, áreas productivas la letalidad Dominicana al COVID 19 fuera una de las más reducidas del mundo. Para esto, escuchó empresarios, líderes comunitarios, autoridades y organizaciones sociales.
En ese contexto incluso se anunció la intención de acercar físicamente la Presidencia a Santiago mediante una Casa de Gobierno, sede que ha estado en funciones de forma permanente.
Desde esa perspectiva, el primer Consejo de Gobierno debe ser entendido como una pieza inicial de una estrategia territorial de largo plazo.
DEL ÁMBAR A LA NUEVA GEOGRAFÍA ECONÓMICA DEL NORTE
Hoy ya esta obra ha iniciado, pero se destaca como una de las primeras señales de esa visión, fue la Autovía del Ámbar. En septiembre de 2020 el Gobierno aprobó y presentó el proyecto como una alianza público-privada destinada a mejorar radicalmente la conexión Santiago-Puerto Plata y relanzar el desarrollo regional. Más allá de la vía en sí misma, su importancia está en la nueva geografía económica que puede generar: Santiago, Puerto Plata, el Cibao Central y la costa norte dejan de ser territorios aislados y comienzan a funcionar como un sistema económico, turístico, logístico y productivo mucho más integrado.
En 2026 el proyecto continúa formando parte de esa agenda estratégica de conectividad regional. El Gobierno ha señalado que la adjudicación permitirá reducir sustancialmente el tiempo de viaje entre Santiago y Puerto Plata, reforzando la integración económica y turística del Norte.
CIRCUNVALACIÓN, ACCESOS Y UNA CIUDAD QUE DEBE DEJAR DE SER CUELLO DE BOTELLA
Otra transformación fundamental está ocurriendo en la red vial. La terminación y rehabilitación de la Circunvalación Norte, junto con a la construcción de la Circunvalación de Navarrete, modifica la lógica de circulación regional de Santiago.
La Circunvalación de Navarrete tiene 12.9 kilómetros y ha sido concebida para descongestionar el tránsito, reducir accidentes, mejorar la movilidad y fortalecer el intercambio comercial con la Línea Noroeste y el Puerto de Manzanillo.
Esto tiene una lectura territorial mayor: no se trata simplemente de construir kilómetros de carretera. Se trata de sacar tránsito pesado de los centros poblados, reducir conflictos entre movilidad regional y movilidad urbana y construir una red de accesibilidad compatible con la expansión económica del Cibao.
A lo anterior se suma la modernización de los accesos a Santiago. La entrada principal a la ciudad fue ampliada a ocho kilómetros y seis carriles, con una inversión reportada de RD$1,108 millones, mientras también se han intervenido vías como la Joaquín Balaguer-Santiago-Navarrete y conexiones estratégicas hacia Tamboril, Licey y otras zonas productivas. (Presidencia de la República Dominicana)
El desafío ahora es que estas grandes infraestructuras no terminen produciendo simplemente “obras sin ciudad”: carreteras excelentes que desembocan en territorios sin planificación, sin regulación del suelo, sin transporte colectivo suficiente y sin coordinación metropolitana.
La infraestructura vial debe ir acompañada de ordenamiento territorial.
GURABO: DE CAÑADA DEL DIABLO A PARQUE LINEAL
Si existe una obra que sintetiza la transición desde la infraestructura convencional hacia una concepción más contemporánea del desarrollo urbano, esa es la transformación integral del arroyo Gurabo.
La intervención ha combinado saneamiento, recuperación ambiental, espacio público, reducción del riesgo y reubicación de familias vulnerables.
La Presidencia la ha identificado como una de las intervenciones urbanas, sociales y ambientales más importantes realizadas en Santiago. La labor modelo del proyecto de los Estados Unidos en el rio Gurabo y la creación de la Corporación Ciudadana Santiago Solidario, facilitaron el éxito de esta obra emblemático.
Lo verdaderamente importante es el modelo. Un cauce urbano que durante décadas fue visto como problema sanitario puede transformarse en infraestructura verde, espacio público, corredor ambiental y elemento estructurador de barrios.
Ese es el tipo de proyecto que Santiago necesita multiplicar en Nibaje, Pontezuela, Yaque del Norte y otros sistemas hídricos urbanos. El Ayuntamiento de Santiago ha iniciado con fuerza el rescate de la cañada Pontezuela.
EL YAQUE: INFRAESTRUCTURA AMBIENTAL PARA LA REGIÓN
La recuperación de Santiago tampoco puede separarse del río Yaque del Norte. El saneamiento de aguas residuales, la ampliación de colectores, estaciones de bombeo, plantas de tratamiento y otras intervenciones de CORAASAN e INAPA forman parte de una política de infraestructura ambiental indispensable para la ciudad.
El Yaque no es solamente un río urbano. Es el gran sistema hídrico que articula producción agrícola, generación hidroeléctrica, abastecimiento de agua y ecosistemas de una parte fundamental del Cibao.
Por eso el saneamiento urbano de Santiago debe comprenderse como política económica, ambiental y de seguridad hídrica regional.
CENTRO HISTÓRICO: LA CIUDAD TAMBIÉN SE RECONSTRUYE DESDE SU IDENTIDAD
Otro de los grandes éxitos es la recuperación del Centro Histórico.
La intervención ha incluido el parque Duarte, el Centro de la Cultura Ercilia Pepín, la Oficina de Patrimonio Cultural, la Plazoleta Carnavalesca Raudy Torres, Casa de Arte y el bulevar de Benito Monción. En mayo de 2025 fue inaugurada la reconstrucción integral de Benito Monción, con una inversión superior a RD$623 millones y trabajos sobre infraestructura sanitaria, eléctrica, fachadas y espacio peatonal; 75 edificaciones fueron intervenidas respetando el estudio cromático patrimonial.
La remodelación de Casa de Arte, entregada en febrero de 2026, agregó una dimensión cultural más profunda: nuevas áreas de exposición, formación, artes plásticas, actividades escénicas, comercio cultural y un anfiteatro al aire libre denominado Zaguán Cibaeño. Y ahora la intervención de la calle del Sol incorpora soterramiento de redes, túneles de servicio, renovación de pavimentos y recuperación progresiva del espacio público. Los primeros tramos entraron en su fase final de adoquinado durante 2026.
La importancia de estas obras no está únicamente en que una calle quede bonita. Está en recuperar la calle como espacio ciudadano, cultural, comercial, turístico y patrimonial.
MONORRIEL, TELEFÉRICO Y LA NUEVA MOVILIDAD
La movilidad representa probablemente el cambio estructural de mayor alcance.
Santiago pasó de reclamar durante décadas un sistema moderno de transporte colectivo a tener en ejecución el Monorriel y el Teleférico, juntos progresivamente a una visión de transporte público de mayor capacidad y conectividad.
Definimos el monorriel como una de las principales obras de infraestructura del país y junto al teleférico son parte de un sistema moderno de movilidad. Aquí aparece nuevamente el concepto de ciudad.
El transporte masivo no puede ser solamente una obra de ingeniería. Debe reorganizar centralidades, estimular densidades adecuadas, mejorar accesibilidad, reducir dependencia del automóvil y conectar barrios populares con empleo, educación, salud y servicios.
AGUA, SALUD, VIVIENDA Y DIGNIDAD URBANA
La transformación tampoco se limita a grandes obras visibles.
En agosto de 2024, por ejemplo, el Gobierno inauguró siete obras de agua potable y saneamiento en Santiago con una inversión de RD$878 millones, beneficiando a unas 135,000 personas, además de entregar 250 apartamentos a familias desplazadas por la transformación de la cañada de Gurabo.
En salud, educación, electricidad, vivienda y equipamiento público también se ha acumulado una cartera significativa de intervenciones.
El propio Gobierno reportó inversiones en hospitales, redes eléctricas y numerosas infraestructuras viales, incluyendo la entrada de Santiago, puentes, pasos a desnivel y carreteras rurales y regionales.
221 OBRAS Y UNA NUEVA ETAPA
La dimensión de esta transformación queda reflejada en un dato oficial reciente: en Santiago se han identificado 221 obras de impacto, entre ellas el saneamiento de Gurabo, Mi Vivienda Hato del Yaque, la intervención del Hospital José María Cabral y Báez, la terminación y rehabilitación de la Circunvalación Norte y la revolución del transporte mediante Teleférico y Monorriel.
Pero una cartera de 221 obras no garantiza por sí sola una ciudad mejor. El verdadero desafío es convertirlas en sistema.
Aquí Santiago necesita volver a su Plan Estratégico Santiago 2030, al POTSA 2030, al Plan de Resiliencia y a una visión metropolitana que articule Santiago con Puñal, Tamboril, Licey al Medio, Villa González y los demás territorios funcionalmente conectados.
DEL ÉXITO CONTRA LA PANDEMIA AL ÉXITO DEL DESARROLLO
En 2020 la prioridad era salvar vidas, sostener empleos, proteger hospitales y evitar el colapso económico. En 2026 el desafío es diferente. Ahora toca convertir la inversión pública acumulada en productividad territorial, calidad urbana, movilidad sostenible, competitividad empresarial, turismo, cultura, innovación, vivienda digna y sostenibilidad ambiental.
Eso exige algo más que construir. Exige planificar. Por eso considero que el mayor legado de la gestión de Luis Abinader en Santiago no debe medirse solamente por el número de obras terminadas, sino por su capacidad para haber colocado nuevamente a la ciudad y a la región en el centro de la agenda nacional.
El primer Consejo de Gobierno de septiembre de 2020 abrió esa puerta en plena pandemia.
La Autovía del Ámbar abrió la discusión de la integración regional.
Las circunvalaciones y accesos viales están modificando la conectividad.
Gurabo demuestra que un problema ambiental puede convertirse en espacio público.
El saneamiento del Yaque apunta hacia la seguridad hídrica.
El Centro Histórico recupera identidad y economía urbana.
El Monorriel y el Teleférico plantean una nueva movilidad.
Y la inversión en agua, vivienda, salud y equipamiento completa la dimensión social.
Definitivamente, lo que el presidente Abinader está haciendo por Santiago crea precedentes. Pero el siguiente salto ya no consiste únicamente en hacer más obras.
Consiste en hacer ciudad con las obras. Ese es el paso que Santiago debe exigir ahora: que cada carretera tenga ordenamiento territorial; que cada sistema de transporte tenga desarrollo urbano orientado al transporte; que cada parque lineal tenga protección de cuenca; que cada intervención patrimonial fortalezca la economía cultural; y que cada inversión pública contribuya a una visión metropolitana coherente.
Porque una ciudad no se transforma cuando acumula obras.
Se transforma cuando las obras comienzan a funcionar como un sistema de desarrollo. Ese es, precisamente, el gran desafío de Santiago para la próxima década.

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