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Opinion

Mi ventana óptica – ¿Dónde está el botín?

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En el país hay crímenes que no terminan con los disparos, ni cuando la Policía anuncia “resolvió el caso", delitos que mutan, se reciclan y cambian de actores. “Delincuentes” muertos, mientras lo sustraído desaparece, no hubo recuperación, tampoco evidencia, ni explicación creíble en la versión oficial.

Un patrón muy repetido para parecer coincidencia, los asaltantes fueron localizados y “enfrentaron a la autoridad”. “Intercambio de disparos” que cierran casos rápidamente, dejándonos la interrogante y lo robado ¿Dónde está? La única realidad es que alguien se quedó con esto y no fue su legítimo dueño, pues el cuerpo del delito debería aparecer en el vehículo, en la escena, en la vivienda allanada, en fin, en algún lugar, pero sólo aparece la sospecha de que eso cambió de manos.

Sospecha que carcome la confianza pública y desnuda una verdad que muchos ignoran, “la Policía no sólo combate el crimen, también lo administra”, decidiendo quién vive, quién muere y qué se recupera. En ese triángulo perverso, la justicia queda fuera y el ciudadano en la indefensión.

La corrupción policial no siempre se manifiesta con sobornos o extorsiones callejeras; también de forma oscura y letal, en ejecuciones que silencian testigos y bienes desaparecidos. El delincuente muere dos veces, una por las balas y otra, porque su versión nunca será escuchada. Deja hijos huérfanos, esposa viuda y condenado socialmente, ante un Estado cómplice sólo cerrando expedientes. El mensaje es, que matar cierra casos, la muerte sustituye al debido proceso y que la Policía puede sentenciar con el gatillo y cargar con lo hurtado, y esto más que orden, es barbarie.

Sin investigaciones independientes, auditorías reales, cámaras corporales obligatorias y fiscales con el valor de mirar más allá del parte policial, botín y verdad seguirán desapareciendo. Porque el problema no es el asalto, sino quién llega primero a la escena, convirtiendo la corrupción en sistema.

Un grupo armado asalta un banco o camión de valores, los presuntos autores fueron localizados y abatidos. !Vaya forma de aplicar justicia! En una rueda de prensa se exhiben armas “ocupadas”, pero nunca lo robado, nos hablan de “monto indeterminado” o de que “los antisociales escaparon, aun cuando murieron en el acto.

Presentan un arma oxidada, un auto o motocicleta, pero ninguna de las joyas denunciadas. El expediente se archiva, porque “los responsables fallecieron”. El crimen queda captado en cámaras y nada más. Nadie sabe si es mejor dejarle los objetos al delincuente que se arriesgó y no a quienes con un uniforme y en nombre de la ley se adueñan de lo ajeno. El caso se diluye mediáticamente, con la gente aplaudiendo la acción policial contra los malhechores. Según registros oficiales analizados, en la última década, más del 60 % de las muertes causadas por la Policía fueron “intercambios de disparos”; sin embargo, organismos de Derechos Humanos señalan reiteradamente que una proporción significativa de estos casos carece de investigaciones concluyentes.

La lógica es simple, los asaltantes muertos, sin cómplices capturados y el robo plenamente identificado, entonces las pertenencias debían aparecer. Mientras trabajaba este tema, llegó la inquietud de Joselito Rodríguez, un seguidor nuestro de FB, preocupado por esos hechos, donde aparecen los cadáveres, pero lo robado casi nunca, de ahí la pregunta ¿Dónde está el botín? Una preocupación válida, ante la falta de credibilidad de la institución “garante de la vida del ciudadano como auxiliar de la justicia”.

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