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Un Momento – Treinta y siete años bajo la misma luz

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Al cumplir hoy 37 años de mi ordenación episcopal, elevo el corazón agradecido a Dios por su fidelidad. Desde los primeros pasos de mi sacerdocio hasta el servicio como obispo, he intentado vivir con la actitud de los sabios de Oriente: caminar sin miedo, dejándome guiar por la estrella que conduce a Jesucristo. Esa estrella ha sido la Palabra, la Iglesia, el clamor del pueblo y la gracia que sostiene incluso en la fragilidad. A lo largo de estos años no han faltado pruebas ni incomprensiones, pero tampoco el consuelo profundo de saberse en manos de Dios. Hoy renuevo mi compromiso de seguir a Jesús con sencillez y perseverancia, convencido de que solo Él es la meta, el sentido y la verdadera recompensa del ministerio recibido.

Hasta mañana, si Dios, usted y yo lo queremos.

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