Opinion
Un Momento –
Hoy, al celebrar a Santa Mónica, pensemos en tantas madres dominicanas que lloran al ver a sus hijos extraviarse, tomar caminos errantes, alejarse de Dios, de la familia y de los valores que un día recibieron en el hogar.
Mónica conoció ese dolor. Durante años lloró y suplicó por la conversión de su hijo Agustín, sin cansarse de esperar. Y es que no puede perderse el hijo de tantas lágrimas. Así fue: Agustín no se perdió. La perseverancia de una madre sostenida por la fe alcanzó la gracia que tanto había pedido.
Madres de hoy, no se cansen de orar por sus hijos. Aunque parezcan lejos, sigan confiando. Dios sabe encontrar los caminos del corazón. Hasta mañana, si Dios, usted y yo lo queremos.