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Opinion

Un crimen y la importancia de decir “no”

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 “Si no sabes decir no, no eres libre. Muchos os dirán que ser libres significa hacer lo que se quiera; pero en esto se necesita saber decir no”. Esa es una de las reflexiones que más me encantan del papa Francisco y que trato de promover y llevar a la práctica.  Y estos días son muy propicios para ello. Me explico.

Hace 30 años, un crimen estremeció a la sociedad dominicana. Un niño fue asesinado de manera horrenda. Mi hermano Francisco, en ese momento procurador fiscal del Distrito Nacional, tuvo a su cargo el caso. Los dos responsables del hecho, que tenían condiciones para triunfar en la vida, fueron condenados.  Ambos ya cumplieron sus penas: uno veinte años y otro treinta años de prisión, el segundo justamente en esta semana.

Este lamentable suceso tiene muchos aspectos para analizar, tanto por las características en que ocurrió como por las partes involucradas. Solo me enfocaré en lo que Francisco, no Su Santidad, me dijo al respecto, lo que entiendo es una enseñanza que debe ser asimilada especialmente por las nuevas generaciones. ¿Cuántos han fracasado por no saber decir “no” en el momento oportuno?

Francisco nos contó el diálogo que sostuvo con uno de ellos, luego del interrogatorio formal. Fue más o menos así:

—Magistrado, ¿usted sabe por qué estoy aquí preso?

—Porque usted mató a alguien —afirmó mi hermano.

—Bueno, es verdad, pero también por otra razón –añadió el entonces acusado.

—¿Cuál podría ser ese motivo?

—Magistrado, porque no supe decir “no”.

—Agradecería que se explique mejor.

—Es difícil reconocerlo, pero cuando se me pidió actuar, a mi mente llegaron dos palabras: “sí” y “no”. Y dudé al elegir y, en un segundo, asumí la palabra incorrecta. Dije “sí”. Y aquí estoy destruido, por cobarde, por dejarme llevar de la corriente.

Luego de escuchar a Francisco, guardé silencio. Y pensé: ¿cómo estarían las vidas de tantos si hubiesen dicho “sí” o “no” en determinadas circunstancias? En muchos casos, su porvenir habría cambiado sustancialmente. Decidir lo correcto debe ser nuestra meta, porque un paso en falso puede arruinarnos.

Apartémonos de las malas compañías, pues confunden nuestro juicio, nublan nuestra conciencia y suelen ser nuestra perdición. Procuremos andar siempre con personas apropiadas: optimistas, buenas consejeras, que nos motiven a hacer el bien, que sean útiles y solidarias.

Aprendamos a decir “no”, que cuando de tentaciones dañinas o propuestas inmorales se trata, decir “sí”, incluso callar, es lo que más aprecia el demonio.  Gracias al siempre admirado y recordado papa Francisco por sus consejos y también a mi hermano Francisco por compartir su aleccionadora historia.

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