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Opinion

“Perdóneme, licenciado”, me dijo el policía

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Les cuento una experiencia que retrata el lado humano de nuestra Policía Nacional, PN. Hace años, en mi condición de abogado, visité uno de sus destacamentos. Era casi de noche. Me atendió un joven vestido “de civil”: camisa azul y pantalón kaki. Me pareció un estudiante de liceo nocturno haciendo pasantía en un cuartel.

Conversamos sobre mi caso con detenimiento; me trató con respeto y amabilidad, aunque se le notaba cansado. Antes de despedirme, me pidió que regresara temprano al día siguiente para continuar con las investigaciones.

Volví a su pequeño despacho, ahora había más papeles sobre el escritorio. Me recibió sin poder evitar los bostezos. “Perdóneme, licenciado, es que no dormí; pasé la noche trabajando en la calle, en unos operativos”, me dijo, como justificando sus ojeras y su evidente agotamiento. Le sugerí que fuera a descansar y le brotó una leve sonrisa. “Licenciado, yo no me gobierno ni tengo horario, y debo cumplir mi deber”, me expresó.

Tiempo después me enteré de que unos delincuentes lo habían asesinado, dejando viuda  a su compañera y huérfana a una recién nacida. Esa muerte me  conmovió, porque no es necesario conocer a alguien para sentir su desgracia; de ser así, las palabras solidaridad y compasión no existirían.

Nuestros policías son de carne y hueso, que patrullan para protegernos, que aman, ríen y lloran, que aspiran a vivir y servir con dignidad. No le echemos la culpa a la PN por los condenables hechos protagonizados por algunos de sus miembros. Son casos individuales, no una política a seguir, aunque, sin dudas, reflejan serias debilidades de la institución.

Que se aplique la ley contra los que abusan de su autoridad y que se haga todo lo posible para evitar que continúen esas tragedias por el uso irresponsable de las armas de reglamento, enlutando a nuestra sociedad.

Apoyemos la imprescindible transformación y profesionalización de la PN, pero, a la vez, antes de juzgarlos, comprendamos mejor sus realidades.  En ocasiones, somos injustos al evaluar su labor. Nuestra PN ha mejorado, destacando la investigación y solución de crímenes y delitos, aunque falta mucho camino por recorrer.

Hace días, el  Senado de la República aprobó en primera lectura el proyecto de ley que modifica la Ley Orgánica núm. 590-16 sobre la Policía Nacional. Se enfoca en su modernización, en su formación académica, en su régimen de carrera,  en el patrullaje policial, y, algo esencial, en el respeto a los derechos fundamentales consagrados en nuestra Constitución.

Para avanzar, debemos acelerar esta reforma impulsada por el presidente Luis Abinader y, sobre todo, convertirla en una realidad que transforme positivamente a nuestra Policía Nacional y fortalezca la seguridad ciudadana.

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