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Opinion

El ministerio olvidado de consolar

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Entre las muchas obras buenas que admiramos, pocas veces pensamos en el valor de consolar. Sin embargo, san Bernabé, de quien hoy hacemos memoria, recibió precisamente ese reconocimiento: ser un “hijo de la consolación”. No destacó por realizar prodigios espectaculares, sino ayudar a otros a seguir adelante, que es todavía más necesario.

Hoy vivimos rodeados de personas que necesitan ser comprendidas. Quien es capaz de ponerse en el lugar del otro descubre que detrás de muchas actitudes difíciles hay sufrimientos y batallas ocultas.

San Bernabé nos recuerda que el mundo no solo necesita personas brillantes, sino también corazones sensibles. Quizás el mayor servicio que podamos prestar hoy a alguien sea hacerlo sentir escuchado, comprendido y acompañado. Porque muchas veces una persona no necesita que le resuelvan sus problemas, sino que alguien le haga sentir que no está sola en medio de ellos. Hasta mañana, si Dios, usted y yo lo queremos.

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