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Café 55

Ingeniero Samuel Peguero alerta sobre deficiencias en la gestión del agua en Santiago y la cuenca del Yaque del Norte

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Santiago. – El ingeniero civil y especialista en recursos hídricos Samuel Peguero advirtió que la gestión del agua potable en Santiago y en la cuenca del río Yaque del Norte enfrenta serias deficiencias estructurales que comprometen la disponibilidad futura del recurso, pese a que las recientes lluvias mantienen los embalses con niveles favorables.

Durante una entrevista en el programa El Café de Diario 55, Peguero afirmó que los principales problemas abarcan toda la cadena del servicio, desde la protección de las cuencas hasta la distribución del agua, debido a la deforestación, la sedimentación de los embalses, la falta de infraestructura, la expansión urbana sin planificación y una gestión insuficiente del recurso hídrico.

"Tenemos el agua gracias a la naturaleza, pero la estamos inutilizando", expresó.

Sedimentación reduce capacidad de los embalses

El especialista explicó que los embalses de Tavera y Bao, principales fuentes de abastecimiento para el acueducto de Santiago y para el riego agrícola, han perdido una parte importante de su capacidad de almacenamiento por la acumulación de sedimentos.

Indicó que ambos embalses acumulan alrededor de 130 millones de metros cúbicos de sedimentos, lo que reduce significativamente su capacidad operativa y limita la disponibilidad del recurso.

Atribuyó esta situación a la agricultura y la ganadería desarrolladas en zonas de montaña que debieron permanecer protegidas, provocando erosión y el arrastre de sedimentos hacia las presas.

Asimismo, explicó que esa acumulación dificulta el proceso de potabilización, ya que el exceso de sólidos suspendidos afecta el funcionamiento de las plantas de tratamiento y acelera el deterioro de sus filtros.

Cuestiona la falta de un vertedor en Bao

Peguero también criticó que la presa de Bao nunca fuera dotada de un vertedor independiente para controlar las crecidas, situación que obliga a realizar desfogues preventivos cuando aumentan los niveles de agua.

Según explicó, reducir la cota de operación implica liberar cerca de 110 millones de metros cúbicos de agua, volumen que, a su juicio, garantizaría el abastecimiento de Santiago durante aproximadamente ocho meses.

Además, estimó que cada desfogue representa pérdidas cercanas a los RD$2,200 millones, tomando como referencia el valor comercial del agua suministrada por el sistema.

Por ello, llamó a retomar la planificación de la obra y completar la infraestructura pendiente mediante la construcción del vertedor de Bao.

Aclara cifras sobre las pérdidas de agua

Respecto a la afirmación de que se pierde el 70 % del agua producida, Peguero sostuvo que esa cifra suele interpretarse de manera incorrecta.

Explicó que ese porcentaje combina pérdidas físicas, originadas por fugas en las redes de distribución, con pérdidas aparentes, relacionadas con problemas de facturación, conexiones irregulares o agua suministrada sin cobro.

A su entender, las pérdidas físicas representan una proporción mucho menor y no superarían el 15 %.

No obstante, reconoció que existen fugas y desperdicios que deben corregirse para mejorar la eficiencia del sistema.

Redes de distribución requieren modernización

El ingeniero cuestionó la práctica de instalar distintos tipos de tuberías dentro de una misma red de distribución, combinando materiales como hierro colado, asbesto cemento, PVC y GRP.

Explicó que esa diversidad provoca comportamientos distintos entre las tuberías, aumenta las averías y acelera el deterioro de las vías públicas.

Incluso aseguró que, en una investigación realizada durante su paso por la Corporación del Acueducto y Alcantarillado de Santiago (Coraasan), determinó que una parte considerable del deterioro de las avenidas estaba vinculada a las constantes roturas de las redes de agua.

Crecimiento urbano aumenta la presión sobre el sistema

Peguero advirtió que el acelerado crecimiento vertical de Santiago también representa un desafío para el abastecimiento.

Señaló que numerosos proyectos habitacionales construyen grandes cisternas para abastecer decenas de apartamentos, aunque continúan recibiendo agua mediante redes diseñadas originalmente para pocas viviendas.

A su juicio, esta situación provoca desequilibrios en la distribución y afecta el suministro hacia otros sectores de la ciudad.

Añadió que, aunque el agua sale potable de las plantas de tratamiento, la falta de continuidad del servicio obliga almacenarla en cisternas y tinacos que, en muchos casos, no reciben el mantenimiento adecuado, aumentando el riesgo de contaminación e infecciones de origen hídrico.

Uso inadecuado del agua potable

El especialista también alertó sobre el uso no regulado del agua potable en zonas periurbanas y rurales.

Como ejemplo, mencionó la existencia de lavaderos informales que operan de manera continua utilizando grandes volúmenes de agua que podrían destinarse al consumo de numerosas familias.

Consideró que corregir estas prácticas contribuiría a mejorar la eficiencia del servicio.

Pide aprobar la ley de aguas

Durante la entrevista, Peguero lamentó que la ley de aguas permanezca sin aprobar desde hace más de dos décadas.

Sostuvo que el país necesita una planificación integral que permita proteger las cuencas hidrográficas, modernizar la infraestructura, regular el uso del recurso y garantizar un abastecimiento sostenible para las futuras generaciones.

"Nadie puede servir lo que no tiene. Si no cuidamos nuestras fuentes, nuestras presas y nuestras redes, cada vez será más difícil garantizar agua potable y saneamiento para todos", concluyó.

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