Opinion

Mi ventana óptica – Venezuela se levantará

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Dos terremotos y sus réplicas devastaron la tierra de Simón Bolívar y Juan Pablo Duarte el pasado 24 de junio, dejando cientos de muertos, miles de lesionados y pérdidas materiales incalculables. Vemos imágenes de niños, adultos, ancianos y mascotas saliendo de los escombros. Tragedia que apaga la sonrisa y arranca la esperanza del venezolano, que no sólo enfrenta la crisis económica, política, la migración masiva o el deterioro de sus instituciones. Ahora, la naturaleza descarga su furia sobre un pueblo abrumado por el peso de las calamidades.

En el norte venezolano, se cuentan centenares de muertos, miles de heridos y ciudades convertidas en escombros, poniendo nuevamente a prueba la capacidad de resistencia de una nación que parece no encontrar la tregua. Edificios derrumbados, familias buscando a sus seres queridos y personas durmiendo en las calles por temor a las réplicas estremecen la conciencia del continente.

La última cifra habla de al menos 1,450 fallecidos, 3,238 heridos y miles de damnificados, aunque las autoridades y organismos internacionales hablan de más de 50 mil desaparecidos o sin ser localizados durante las labores de rescates. Esto desnuda una ineludible realidad, la naturaleza no distingue ideologías, partidos, ni fronteras. Ante un terremoto desaparecen diferencias políticas y emerge una sola condición, la humana. Exhibe debilidades acumuladas durante años y que un país con infraestructuras deterioradas, servicios públicos debilitados y millones de ciudadanos viviendo en condiciones precarias enfrenta una catástrofe natural con menos herramientas para responder.

Donde la reconstrucción no será únicamente de carreteras, hospitales y viviendas; será, además, de orden moral y social. En medio de los escombros aparecen, como siempre, los verdaderos héroes, los rescatistas, médicos, vecinos intentando salvar vidas, manteniendo viva la esperanza en las horas más oscuras. Latinoamérica no puede contemplar esta tragedia como un espectáculo distante. Venezuela necesita solidaridad, ayuda humanitaria y el acompañamiento de la comunidad internacional.

El dolor de un pueblo hermano es también el nuestro, pero como no hay mal que algún bien no contenga, cuando la tierra tiembla, derrumba las ideologías, dejando sólo la condición humana de por medio. Hoy, juntos a Venezuela lloramos a sus muertos y nos solidarizamos con los que sufren buscando a sus desaparecidos y abrazan a sus sobrevivientes. Y mientras el polvo de los edificios caídos aún cubre sus calles, el mundo tiene la obligación moral de extenderle la mano.

Porque las ciudades pueden ser reconstruidas, pero ninguna reconstrucción es posible perdiendo la solidaridad entre los pueblos. Reportes indican que el doble terremoto es uno de los más destructivos que ha sufrido el hermano país en más de un siglo, provocando un estado de emergencia nacional. Son de las cosas inexplicables de los políticos que gobiernan naciones del Caribe, donde la actividad sísmica es constante, que en cualquier momento siembra el caos, pero no vemos que, en escuela, universidades, tampoco que desde el Estado se mantenga una campaña de orientación hacia la población de qué hacer en esos momentos.

La República Dominicana está en el mismo trayecto del sol, los huracanes, pero también de esos fenómenos de los que sólo se recuerdan las autoridades cuando traen devastaciones. Donde tampoco se tiene en cuenta la tecnología antisísmica para construir viviendas y edificaciones, acostumbrados al “Dios nos ampare”, con lo que la autoridad renuncia a su responsabilidad para culpar a Dios, pero con el esfuerzo de todos, Venezuela se levantará.

Por Alejandro Almánzar

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