Vigilancia epidemiológica preventiva de violencia

En 2010 la tasa de homicidios por 100 mil habitantes, estaba 26.3. En este 2022, ronda los 10.3. Una de las más baja de América. Pero en feminicidios y accidentes de tránsito, tenemos cifras neurálgicas.

Se conoce que la Policía Nacional desde 1936 hasta 2022, tuvo ocho reformas. En la mayoría, la sociedad civil brilló por su ausencia. Hoy, debiera impulsarse una sincera alianza entre Estado y dirigentes comunitarios. Involucrarlos en vigilancia epidemiológica. Iniciativa a impulsar por los ministerios del Interior y Salud Pública, órgano que domina las ciencias de la epidemiología.

El Ministerio de Interior en los pasados 30 años, tuvo decenas de ministros que llegaron con su librito debajo del brazo. Muy pocos se concentraron en los fracasos de sus antecesores. Se impone construir red comunitaria de prevención de violencia. Desde la ejecutada contra mujeres y familiares; la relacionada con robos, sicariato, la derivada de conflictos interpersonales y accidentes de tránsito.

Liquidar, lesionar y torturar delincuentes por encima de la ley, es la fórmula más elemental para reducir la violencia. Si el malhechor, más que un ser humano en crisis, es una bacteria, entonces lo más obvio será seleccionar el mejor antibiótico para eliminarla. Esa receta además de violatoria de los derechos humanos, es insostenible. Los ejemplos sobran, desde Uribe hasta Bukele.

Sabemos que en este gobierno, la reforma policial es prioridad. Cambios que deben instalar la vigilancia epidemiología comunitaria como guía. Epidemiología como modo de trabajo en la sede principal del ministerio. En cada regional policial, delegación barrial y cuartel.

La inserción de 3,000 nuevos policías con buenos salarios en los deteriorados 578 destacamentos policiales nacionales será inefectiva, si no modernizamos estas estructuras. Con agua corriente, sanitarios, condiciones logísticas, tecnología, equipos y mapas. Oportuno sería priorizar 116 destacamentos de Santiago y Santo Domingo, ciudades más afectadas por brotes periódicos de violencia.

Si la vigilancia epidemiológica como herramienta, se incluye en la reforma policial, el empirismo de liquidar delincuentes, quedará olvidado. Corresponde a la epidemiología recolectar a tiempo la información crítica y anticiparse a brotes activados cíclicamente. Vía encuestas aplicadas por comunitarios se monitorea magnitud y distribución de diferentes formas de violencia y comportamientos de riesgo. Igualmente se fomentan factores de protección y riesgo.

La operatividad del Comisionado para la transformación policial, debiera pasar de lo nacional a lo local. Este organismo puede llegar a provincias y municipios para impulsar la promoción y capacitación de los órganos policiales y la sociedad civil.

El Ministerio de Salud Pública sabe mucho de eso y puede apoyar con sus técnicos y la Organización Panamericana de la Salud (OPS).

Reynaldo Peguero