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Opinion

Un Momento – Un crimen que clama justicia

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El hecho reciente que ha estremecido la conciencia nacional nos recuerda, de manera dolorosa e ineludible, que un niño nunca debe ser violentado, y mucho menos por quienes están llamados a ser sus primeros cuidadores y protectores. La infancia no se negocia, no se relativiza, no se excusa. Cuando se traiciona esa misión sagrada, se hiere lo más íntimo de lo que debería ser nuestra humanidad.

No es tiempo solo de dolor, consternación o palabras, sino de una respuesta clara, firme y responsable. Quien hiere, violenta, destruye o arrebata la vida a un niño debe enfrentar, sin privilegios, atenuantes ni demoras, todo el peso de la justicia. Defender a la infancia es una obligación innegociable. Guardar silencio o mirar hacia otro lado nos haría cómplices.

Hasta mañana, si Dios, usted y yo lo queremos. 

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