Opinion
Un Momento – La vida que pende de un hilo
La existencia humana tiene una fragilidad que todos conocemos, aunque a veces la olvidemos mientras corremos detrás de mil urgencias. Nada de lo que poseemos es definitivo y cada día es un regalo que puede cerrarse en cualquier momento, cuando el Señor, dueño de nuestra historia, nos llame a su presencia. Por eso vale la pena vivir con sencillez, sin vanidades ni afanes ni pretensiones.
Recordar nuestra condición pasajera no debe ser motivo de temor, sino de invitación a reconciliarnos, agradecer, servir y caminar ligeros. Solo así, cuando llegue su llamada, podremos presentarnos con paz ante Aquel que nos dio la vida.
Hasta mañana, si Dios, usted y yo lo queremos.