Opinion
Un Momento – La vida no se negocia
La vida humana no puede convertirse en moneda de cambio, objeto de conveniencias políticas ni víctima de ideologías. Es un don de Dios y posee una dignidad que nadie puede conceder ni quitar. Desde la concepción hasta la muerte natural, cada ser humano merece respeto, protección y defensa, especialmente cuando es indefenso y no puede levantar su propia voz.
No podemos construir una sociedad que proclame derechos mientras acepta que algunos seres humanos sean descartados porque resultan incómodos, vulnerables o dependientes. Una sociedad que pierde el respeto por la vida termina perdiendo también el respeto por la persona.
Nuestras leyes deben proteger al más débil, no justificar su eliminación. Defender la vida no es fanatismo, como pensarán algunos. Es defender la dignidad humana y el futuro de nuestra sociedad. Hasta mañana, si Dios, usted y yo lo queremos.