Un futuro incierto

Desde tiempos inmemoriales, los jóvenes fueron guiados por sus mayores, de quienes buscaban enseñanzas para desafiar el futuro. Pero ese mundo cambió, y escasos son hijos, que buscan orientarse con adultos de sus alrededores. Tienen de aliado a un dispositivo y la magia de videos juegos y desconocidos pasan a ser sus mentores.

Su encierro, dificulta a padres o tutores ser sus lideres, pues prefieren dejar a un lado lo familiar. Es la época de la apatía, están ausentes, aun estando presentes, desconectados totalmente del entorno, los suyos ni se enteran quienes son sus relacionados en esa oscura distancia.

La relación familiar no está en sus planes, rechazan les hablen de valores y principios, ven eso como algo proveniente de mentes atrasadas, que no les sirve para sus propósitos de modernidad. Regularmente, pertenecen al grupo de (ninis), los que no estudian, ni trabajan, pero cuando quieren lo último de la moda y ropa de marca, entonces es cuando tienen tiempo para pensar en los padres.

Exigen de todo, menos ser orientados sobre sanas costumbres y valores, pues eso no se ajusta a la nueva corriente que los inspira a vivir el mundo imaginario que escogieron, muchas familias están enfrentando este dilema, y pocas son las respuestas de los gobiernos al problema.

Amor y cariño a abuelos, es cosa del pasado, ellos lo saben todo, no pueden desperdiciar su preciado tiempo escuchándolos. Todo se lo merecen a cambio de nada. Quizás, eso explica la presencia de tantos asesinos a sueldos, funcionarios, que van al Estado a resolver sus problemas robando.

Cómo, en nuestro país, instituciones castrenses se llenaron de oficiales corruptos, que ni siquiera piensan en la vergüenza de los suyos, cuando el Ministerio Público les indilga haber aprovechado su condición para en tiempo récord acumular cientos de millones de pesos mediante artimañas.

Si un hijo no asume compromisos en el hogar, ni siquiera de hacer su cama al levantarse, si no sabe que ropa y zapatos tienen un lugar donde colocarse, si es holgazán para las tareas, y no puede colaborar en nada, ni se esfuerza por tener un buen desempeño escolar, si pasa la materia, si Dios quiere, no hay mucho qué buscar.

Pero el padre que confía su futuro en estos, tiene claro el final que labró. Y, si trabajó duro, para ese final y se ve obligado a dejar en esas manos su esfuerzo de toda una vida, igual sabe, cuál será su destino. Creemos en el relevo generacional, en los cambios, pero que responsables del futuro de la humanidad adopten ese comportamiento, debe llamar poderosamente a la atención, sobre las manos de quienes estaremos mañana.

¿Cuál será el destino de los envejecientes, ya en condición de necesitar apoyo del hijo, para quien trabajó para dárselo todo y que, este atrapado en el consumismo, demandando siempre lo mejor del mercado, recurra a la dejadez?

Sólo nos queda esperar, no sea la mayoría de jóvenes que haya decidido trillar el camino de la indiferencia y la desidia frente a sus mayores y la sociedad, pues es como haber arado en el desierto, para esperar un futuro incierto con sus consecuencias. Ojalá, puedan combinar los avances tecnológicos y la sapiencia de la longevidad humana, porque a ellos tampoco les espera nada diferente cuando ocupen el lugar de los abandonados, pues “con la vara que midas, serás medido”.

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