Opinion

Tino: ¡gracias por tu ejemplo de vida!

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¿Quiénes son nuestras referencias como personas y como nación? ¿A quiénes admiramos y tomamos como modelos? Las respuestas a estas preguntas determinan nuestros valores y nuestro grado de educación y desarrollo.

Cuando alguien me expresa que sus referentes son el papa Francisco, Juan Pablo Duarte o Minerva Mirabal, sin duda, estoy ante un ser humano que, al menos en principio, considero bueno, útil y de noble corazón. Pero si, por el contrario, afirma que en su habitación tiene retratos de Adolf Hitler, Catalina de Médici o Idi Amin, huyo de inmediato, con la esperanza de volver a verlo solo por casualidad.

Hoy me referiré a una referencia que debemos resaltar, pues son demasiados los bombardeos que recibimos promoviendo a personajes —de aquí y del exterior— que nada aportan a nuestro pueblo. Nuestra juventud, con triste frecuencia, los distingue mucho más que a quienes forjaron nuestra identidad y entregaron su sangre por nuestra libertad.

Nuestro protagonista es más reconocido en Santiago, pero su hoja de vida trasciende esa ciudad. Y me resulta fácil escribir sobre un hombre bueno: las ideas fluyen con naturalidad y las palabras se ordenan en equilibrio, como si una voz angelical las dictara; al concluir un párrafo, apenas se requiere corrección. Sin embargo, resulta doloroso referirse a este hijo de Dios tras su reciente partida.

Hoy descansa en la Casa del Padre un hombre de bien: Faustino Ramón Arias, nuestro querido, admirado, respetado y valorado Tino. Su fallecimiento enlutece a una sociedad que lo definió como un ser humano excepcional, comprometido con la Iglesia y con los fundamentos que nuestro pueblo necesita para avanzar integralmente.

Su trayectoria constituye su mejor legado. Desde joven, junto a doña Ana, su madre, asumió la responsabilidad de sostener y orientar a su familia, la cual se ha destacado en Ciudad Corazón y en el país, como es el caso de Apolinar Ramos, director del periódico Camino. Contrajo matrimonio con doña Inocencia Conde, con quien formó un hogar ejemplar.

Durante más de cuarenta años sirvió como diácono permanente y fue una figura importante de El Despertar del Cristiano, influyente programa radial transmitido por Radio Amistad en Santiago, desde donde promovió la fe católica en todas sus vertientes.

Nuestro Tino fue un referente para la comunidad religiosa y más allá de ella, dispuesto a trabajar por el bien común, la justicia social y el respeto a la dignidad humana, conforme a las enseñanzas del Evangelio.

Tino, siempre estarás presente en nuestros corazones. Servidores como tú son inolvidables y tus huellas positivas son imborrables: son luces eternas en el sendero. Eres de esas referencias que la patria requiere para avanzar con dignidad. Paz a tu alma.

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