Editorial
Semario Camino – Las calles no están hechas para morir
Hace varios meses que en este cementerio no se ha sepultado una persona adulta. Todos han sido jóvenes. Esta afirmación dada por un encargado de un camposanto del Cibao refleja una realidad dolorosa, y es la cantidad de personas, muchos con menos de 25 años, que están muriendo en nuestras calles, autopistas, y carreteras.
Según estadísticas del Observatorio Nacional de Registro Civil, ONAREC, 897 personas han perdido la vida de enero a mayo. La cifra es alarmante. Estamos ocupando los primeros lugares en el mundo de muertes por accidente de tránsito.
Conducir aquí en nuestro país se ha convertido en un riesgo. Cuando uno sale de su hogar, no sabe si regresará por culpa del manejo temerario practicado por choferes y conductores que no respetan las leyes del tránsito. Otros manejan tomando alcohol y consumiendo sustancias prohibidas.
El tránsito es tan caótico que dominicanos que residen en el exterior no se animan a conducir en su propio país. Tienen miedo, sienten pánico al ver el desorden del tránsito y la poca responsabilidad de los que manejan. Y ni hablar de los extranjeros que cuando nos visitan cuando observan el desorden en nuestras calles.
De los motociclistas ya sabemos su comportamiento. Para muchos de ellos no existen semáforos, calles de una vía, ni aceras para peatones. Su conducta al conducir rompe todos los esquemas de una sociedad organizada.
Tenemos que buscar una salida. No se puede continuar así. El mal comportamiento debe tener sanciones.
Creemos que es urgente una ayor educación vial continua que debe comenzar en los hogares y seguir en la escuela, y en todas las instituciones públicas y privadas. Sugerimos que en ellas haya un espacio semanal para promover la educación vial.
Es hora de ver este reto como una necesidad nacional. Hay que trabajar para lograr que las carreteras no continúen siendo un encuentro con la muerte. Defendamos la vida, que es un regalo de Dios.