¿Repensar la educación?

Deseamos iniciar el presente escrito  con estas declaraciones del Ministro de Economía, Planificación y Desarrollo, Miguel Ceara Hatton, cuando expresa y cito: “Ese es el primer desafío que tenemos por delante. No solamente el tema de la vulnerabilidad, del cambio climático, sino cómo vamos a reformular, a reformar, a repensar, a cambiar el sistema educativo para que se adapte más a este nuevo mundo”.

Cuando este funcionario mientras daba razones sobre el primer Boletín sobre Competitividad Sectorial, entre muchos aspectos tocó evidentemente el tema de la educación dominicana, y sin la cual, hablar de competencia en tiempos de mucha mayor exigencia en los mercados laborales nacionales e internacionales, es de comprenderse.

Después de algunos años, siete, para ser específico, 2013, que han transcurrido.  Que han pasado muchos ministros o funcionarios por el hoy, Ministerio de Educación, de cuando fueron aprobados los fondos del famoso cuatro por ciento para la educación, se tenía la idea de que estábamos en mejores condiciones, sin embargo, al parecer muchos de esos recursos se han quedado en reparación de escuelas, un porcentaje de ellas aún con letrinas; o no bien edificadas; o no entregadas por problemas de un cuello legal; o no terminadas por irresponsabilidad. La otra parte, en subir los salarios a los profesores, pero que al mirar los pobres porcentajes que hemos de plasmar más abajo, algo ha estado fallando en el sistema o en la manera de aplicarse el pan de la enseñanza, que no está llegando con “nutrición” real y necesaria.

Existen cifras alarmantes que fueron dadas a conocer en ese informe, por ejemplo y para muestra, varios botones: el 70 % de la población laboral presenta desajustes educativos en la República Dominicana.  Asimismo, la mitad de la población está, acorde al aspecto laboral, sub-calificada, esto es, según el informe: “Hemos encontrado que el 48.8 % de las personas ocupadas en el mercado laboral dominicano se encuentran infraeducados para la posición que desempeñan. Es decir, que tienen un nivel educativo inferior a lo que regionalmente se considera necesario para ocupar una determinada posición”.

Pero lo de arriba no se queda ahí, se agrava, y es que el “62.3% de los niños dominicanos de diez años no saben leer o no entienden lo que leen”.

Entonces, qué ha sucedido con tantos recursos invertidos.  ¿Qué pueden decirnos todos aquellos funcionarios que han pasado por Educación? ¿Cómo es posible que ese cuatro por ciento entonces no refleje hoy una mejoría sustancial a la niñez y la juventud dominicana?

Esa cifra última quiere decir, que de cien niños dominicanos, sesenta no saben leer o no saben lo que leen, o sea, no solamente son analfabetas, sino que lo son funcionales también.  Cómo podemos estar hablando del tema de competitividad, sin asustarnos ante estos números.

Por eso debemos, repensar y reflexionar ahora, qué planes tenemos a corto y largo plazo, con tantas vallas que brincar para llegar a la meta y hacerlo para ganar oro, no bronce.

Son comprensibles tantas cosas, en las que no estamos bien a nivel social, por el aspecto educativo, que está mal.

Es comprensible por igual, la brecha y grandes diferencias que existen en oportunidades de empleo y de estudios y especialización. Pero también, que nuestro mercado laboral, no necesariamente, compensa todo el buen historial académico que posee el porcentaje que alcanza altos niveles.

Debemos  buscar la manera de cómo adecuar los recursos que se están destinando del cuatro por ciento, para tener una educación más acorde a lo exigido en los distintos mercados económicos de hoy.