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Navidad es don para los demás

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La alegría que traen los días de Navidad no puede quedarse solo en nuestras celebraciones familiares ni en el calor de los encuentros. La verdadera alegría nace del Señor que viene a salvarnos y, por eso mismo, está llamada a expandirse. Quien recibe a Jesucristo en su corazón no puede olvidar a tantos hermanos que necesitan ser iluminados por esa misma gracia. Recordemos a los que viven la tristeza, los que cargan heridas, los que sienten el peso de la vida. La Navidad nos vuelve a poner sobre el tapete que la luz no se guarda, se ofrece. Por tanto, que nuestra alegría no sea un refugio aislado, sino una extensión para wue la bondad de Dios llegue a quienes más la necesitan.

Hasta mañana, si Dios, usted y yo lo queremos. 

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