Opinion
Mi ventana óptica – Una policía criminal
Por Alejandro Almánzar
La muerte de Darlin Mercado Reyes, la tarde del pasado viernes a mano de un policía en Herrera, Santo Domingo Oeste, vuelve a evidenciar el comportamiento criminal de individuos dentro de la institución, que tiene la encomienda de cuidar al ciudadano”. Dicen, que el joven sólo quiso indagar sobre la retención de su motocicleta que le había prestado a un amigo a quien la policía detuvo.
Eso bastó, para que un gatillero uniformado le hiciera el disparo que acabó con su existencia, reviviendo el repudio hacia una institución que cada día se desacredita más. Y gracias a esas redes sociales que le hieden a Abinader y a congresistas delincuentes, hoy los medios de comunicación no hablan de un “intercambio de disparos”.
Cada vez que un joven es ejecutado, la versión policial es la misma, “fue un delincuente que enfrentó a los agentes y estos repelieron la agresión”. Así, en lo que va de 2026, alrededor de 150 jóvenes han sido asesinados por la policía. No importa si la víctima tenía o no antecedentes penales. ¿Pero, puede el Estado convertirse en juez y verdugo del ciudadano, cuando la Constitución y las leyes garantizan el debido proceso?
Esto preocupa al país, de tal suerte, que muchas veces la persona siente tanto miedo frente a un uniformado como del delincuente común, porque esta institución actúa al margen de toda ley y orden. Demostrando el colapsó del Estado y sus instituciones, donde no existen tribunales a donde el individuo demostrar su inocencia o culpabilidad, aunque organismos de derechos humanos han llamado reiteradamente a fortalecer los mecanismos de rendición de cuentas y el uso proporcional de la fuerza policial ante la ciudadanía.
Un problema que demanda atención, pues combatir la delincuencia es una obligación irrenunciable del Estado, pero cuando quienes tienen esa responsabilidad se descalifican, el pueblo ya no sabe en manos de quién está, ante el peligro de morir a mano de un policía que tiene la misión de cuidarlo y la justicia hacer su trabajo para que el criminal sea juzgado debidamente.
La democracia no es sólo para perseguir el crimen, es también para proteger los derechos fundamentales, incluso del peor criminal, pues cuando el gatillo sustituye al juicio, la verdad también muere. La sociedad debe reaccionar ante el comportamiento de la policía hacia la población civil, de lo contrario, eso nos arrastrará a un caos del que nadie saldrá ileso.
Las estadísticas muestran una tendencia ascendente que no puede ignorarse, donde hay una familia llorando, una comunidad que se pregunta qué ocurrió realmente y un pueblo exigiendo respuestas. Nadie niega la realidad de la delincuencia en nuestro país, pero esa es la responsabilidad institucional de detenerla, pero sin abusos policiales, pues en un Estado democrático, la culpabilidad no la puede determinar una patrulla policial, sino el juez.
Si el sospechoso muere antes de llegar al tribunal, la verdad nunca sale a relucir, donde no hubo interrogatorio, defensa y tampoco sentencia, sólo queda una versión oficial para cerrar el caso y cuando las balas sustituyen al malletazo del juez, la justicia pierde su razón de existir. La muerte a Darlin, es la continuidad del accionar criminal de la policía nacional, donde Abinader ha botado miles de millones de pesos, dizque en reformarla y estos hechos nos dan la razón para decir que esta no hay forma de reformarla.
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