Mi Ventana Óptica – Monarquía, esclavitud y pobreza

Hay países del “primer mundo” que se creían avanzados, pero esclavizados por el modelo monárquico evidencian su atraso. La monarquía surgió, 3,000 años antes de la Era cristiana, cuando se comenzó a dar forma a tipos de gobiernos en Mesopotamia, Egipto y el Valle del Indo, donde el monarca, era tenido como Dios, sacerdote y jefe militar a la vez.

El propósito fue dominar al mundo, planes que siguen vigentes aún, aunque el estilo de manejar los Estados cambió y hasta la Iglesia ha avanzado en el tiempo, pues por lo menos, pone limite a la gestión de sus obispos para ejercer funciones, pero la monarquía sigue petrificada en ese pasado.

Un ejemplo, la fallecida Isabel II, 70 años en el cargo y sólo lo abandona con la “muerte”, sus hijos se hicieron viejos esperando el turno. Personas viejas como yo, no habían nacido cuando ya estaba reinando, tal vez, por tratarse de una función que no conlleva esfuerzo alguno, mas que heredar el cargo.

Pero en pleno siglo XXI, Europa conserva diez países bajo un régimen, que somete al ciudadano al duro trabajar, para esos “dioses” y sus descendientes vivir bien sin aportarles nada, mas que pobreza, exclusión y desigualdad.

España, Bélgica, Países Bajos, Luxemburgo, Noruega, Suecia, Dinamarca, Inglaterra, Liechtenstein y Mónaco siguen cargando ese yugo opresor, con un historial de explotación, mientras la monarquía acumula riquezas mediante el dolor ajeno.

Con la Revolución Francesa, 1789, cuando cae el régimen absolutista y pone fin a la esclavitud, quienes se beneficiaban del tráfico de esclavos negros cambiaron, pero posiblemente sólo de modalidad, para entonces esclavizar a todos por igual.

Nunca hemos sabido, qué aportes hacen los reyes y su séquito al mundo, aparte de pagar tan alto precio para mantenerlos. A la fallecida reina Isabel, sólo le recordamos saliendo al balcón a saludar a quienes ahí se congregan, levantando sus manos, las que ya a penas movía.

Y es que, desde hace siglos, el poder del rey es simbólico, lo que sí, no es, es la pesada carga que pagan los contribuyentes para sostener ese simbolismo parasitario, responsable de una Edad Media, que nos lanzó al oscurantismo, hundiéndonos en la ignorancia, cuando todo lo que podía arrojar luz fue destruido y quemado.

Esclavizando al mundo con estúpidas creencias, para que la gente no encuentre el conocimiento que libera. Príncipes, que viven en un mundo mágico, que sólo es realidad para ellos, aunque millones se acuestan como se levantan, sin saber dónde está el “Pan de Cada Día” que invocan los cristianos en su Padre Nuestro.

Pasado el tiempo, seguimos buscando respuestas que esa monarquía y quienes la alimentan no tienen, porque el palacio desde donde «despachan», está compuesto por vagos indolentes, que a cambio de nada lo reciben todo.

Ojalá, la reencarnación sea exclusiva para Jesús, pues de lo contrario, pronto veremos a esos “grandes muertos”, reencarnando en un Haití, donde algunos tienen que fabricar galletas de tierra para alimentarse, o cruzando ilegalmente nuestra frontera, huyendo del hambre como los haitianos.

Rueguen, porque esta sea puro mito de quienes se aferran a la tierra, pues será la única forma de no verse naciendo donde tengan que aprender a vivir de su sudor, aunque como dijera Aristóteles, la esclavitud nunca tiene tanto éxito, como cuando el esclavo está convencido de que es por su propio bien.

Alejandro Almánzar    

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