Mi Ventana Óptica – Memoria histórica perdida

Sólo los ingratos no tienen memoria, pues olvidar el pasado y origen, equivale a perder las perspectivas como pueblo. República Dominicana apostando a la desmemoria pudiera estar dejando de lado ese pasado que nos da razón de existir.

Sepultar el pasado, significa renunciar a eso que nos identifica como estado, nación o estado. Quizás por eso, malos dominicanos atendiendo a intereses y agendas personales nos quieren robar la historia que nos hace llamar dominicanos.

Con tan inicuo propósito, de la raza indígena que es de donde parte nuestra identidad apenas encontramos vestigios, y la generación actual no conoce nada de quienes olvidados por una sociedad que juega a vivir el hoy, sin mirar hacia el pasado histórico, aunque tarde o temprano le pase facturas.

Construimos un monumento a Cristóbal Colón, que está bien, porque este también es parte esencial en nuestras vidas, de lo que tampoco queremos renegar por lúgubre haya sido su pasado como invasor de las tierras colonizadas.

Incluso, al almirante lo descargo, porque fue simple instrumento del cristianismo, que en ese momento se imponía a sangre y fuego y como soldado de dicha causa, al genovés sólo le quedaba cumplir órdenes de sus superiores en Castilla.

Preocupante es que, por complicidad, hayamos sepultado en el olvido a Anacaona, Enriquillo, Caonabo, Tamayo, Hatuey y otros nobles nativos que nos enseñaron a defender el honor con la gesta de 1519-1533 en El Bahoruco heroico.

No crean “casual”, que todo ese material didáctico haya sido retirado de las escuelas. Que la presente generación sienta burla cuando le hablan de “Historia Patria”, pues el proceso de borrarnos la identidad comienza ahí.

Para que el nativo, ni el extranjero tenga dónde ir a rendirle tributo a quienes enfrentaron con gallardía y determinación al intruso, sin importarle lo desigual frente a un ejército táctico a sus rudimentarias flechas libertadoras.

Por eso, los sinvergüenzas son los que mas honores exhiben hoy día, mientras sepultan la grandeza de una memoria histórica de un pueblo olvidadizo e ingrato. Pocos conocerán al Bonao, que al comprobar la maldad de colonizadores renunció al cristianismo, el que ya había abrazado y llevaba a los de su raza a un río allí a hacer lo propio mediante la invocación “Iyi ayá bombé” (ya no soy cristiano).

Que esa decisión, provocó fuera encerrado en una mazmorra condenado a muerte y cuando fueron a pedirle que se arrepintiera para perdonarle la vida y fuera al cielo, este le preguntó ¿A dónde van los blancos? Al contestarle que al cielo porque eran buenos, el cacique Bonao les respondió que no quería ir a ese lugar para no encontrarse con ellos.

Cibao, (montaña de muchas aguas o donde abunda el Oro) era otro nombre dado a la Isla, guarda en la Villa del Bonao una historia memorable. San Juan de la Maguana, cuna del Corral de los Indios, donde se cree nació ese Béisbol que apasiona al quisqueyano, pues dice Manuel de Jesús Galván, que cada tarde un grupo de indígenas se reunía allí a darle con un palo a una bola, salían corriendo hasta alcanzarlo y pegarle la pelota.

Motivo para los europeos esclavizarlos, tildándolos de holgazanes. Este debería ser un monumento tan imponente como el Faro a Colón, como nunca debimos perder el último rastro de quienes nos enseñaron a ser libres.

Alejandro Almánzar  

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