Opinion
Marca de pensamiento innovador
Santiago y el Cibao están en su mejor momento. En auge, apogeo y clímax. Es la coyuntura justa cuando se impone estudiar, enfocar y multiplicar muy bien, las esencias creativas que nos harán perdurar como marca sociedad. La historia muestra cómo estos territorios son centro de ideas. De creaciones e innovaciones que aportan valor o mejor aún, crean algo nuevo.
Recaer en simplezas y banalizaciones sobre lo que somos. Proponer desatinos, llevará a cantinflismos apócrifos. Cuando las Águilas pierden del Licey, 10 a 0, reprocho al equipo, pero sigo como aguilucho vigilante del éxito que hemos construido entre todos.
En un foro reciente de movilidad ante decenas de organismos internacionales, se han presentado trivialidades y cosillas. Se ha intentado demostrar lo obvio. Como, por ejemplo, sobre ¿cuál es el aporte de la arquitectura a la movilidad? Eso es una absoluta perogrullada, tautología o simpleza de mal gusto que no aporta nada a las más de 12 acciones de movilidad que se impulsan en Santiago.
Sigamos. También Baní y Peravia sorprenden por su capacidad de acumular pensadores. Es una esencia valiosa. Pensamiento y cohesión. Es el famoso capital social filosofado por Robert Putnam para Italia y Bernard Kliksberg para América Latina.
Cuando íbamos a decidir la denominación del premio que otorgaría Santiago, a sus mejores ciudadanos, de pensamiento y acción, consensuamos «Pedro Francisco Bonó». Expresado como premio Bonó Estratega Sénior (BES).
Bonó se convirtió en el cañón intelectual de la Restauración de la Independencia. Sus aportes sobre las clases trabajadoras y el tabaco, como práctica originaria de los mejores valores de la democracia, inició la consolidación de Santiago y el Cibao, como escuelas de pensamiento progresista.
Bonó, fue continuado por una masa crítica de intelectuales y artistas, que hoy son referencia de nuestro destino estratégico. Fue eternizado en poetas, artistas, intelectuales y planificadores. Desde Juan Bosch en literatura y política, Juan Antonio Alix en poesía popular, Yoryi Morel en artes visuales, Cuqui Batista, en arquitectura, Wilfredo García y Domingo Batista en fotografía, entre muchos otros.
También dejaron su marca intelectual, ese grupo de entonces jóvenes que, estudiaron en Europa y Estados Unidos, y llegaron al Cibao, a proponer los más creativos proyectos.
Nos referimos a Luis Crouch, Alejandro Grullón y Jimmy Pastoriza y Eduardo León Jimenes, fundadores de la Asociación para el Desarrollo. Más recientemente, Frank Moya Pons, Monseñor Agripino Núñez Collado, Rafael Emilio Yunén, Danilo de los Santos y decenas de intelectuales más.
Se sabe que los centros de pensamiento creativo o «think tanks» como Santiago, son la suma de actores del conocimiento y agentes de transformación del desarrollo humano.
Aunque no existe consenso sobre lo que es un think tank modelo. Formas, tareas y funciones institucionales de estas unidades son diversas, como la calidad de sus propuestas y el impacto sobre su sociedad. Buscar una “definición correcta” aparece, como una gestión trivial. En el centro están la innovación (aportar valor) y la creatividad (generar ideas nuevas).
Los enfoques creativos e innovadores deben ir más allá de la materia de las obras físicas, para encontrarse con espíritu, esencia, sinergia y cohesión. Esas formas de pensamiento y herramienta preclaras que anteceden a toda ola de ejecutorias exitosas replicables.
Reynaldo Peguero, rpeguero@strategius.org