Editorial

La víctima y el sistema

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Hace más de quince años, fuimos objeto de un atentado del que mucha gente ya conoce ciertos detalles, no todos, porque solamente las personas se quedaron en el hecho mismo de los dos balazos a la cabeza, y de cómo fue posible sobrevivir a eso, cuando con uno solo bastaba para haber hecho efectivo el trabajo que fue pagado.

Todavía nos cuesta tener que referirnos al tema porque no deja de pasar por nuestra mente lo dichoso que fuimos, y por eso, nunca deja­mos de dar gracias a Dios.

Siempre hemos estado claro, que la persona que disparó, el ex teniente de la Policía, Candy Caminero Rodríguez, no falló en sus dispa­ros, que fueron uno debajo del otro en el cristal del conductor.

Mañana, precisamente, nos toca, nueva vez, viajar a San Cristóbal, porque nos enteramos sorpresivamente que fue trasladado a Najayo, desde Rafey, este imputado e interno Candy, y será allá, ante ese Juez de Ejecución de la Pena, donde será conocida la solicitud de Libertad Condicional, hecha por éste encartado. Que ya serían tres los imputados que han sido trasladados allá, en los últimos años.

Precisamente, la audiencia está pautada para mañana, miércoles 14 de los corrientes, y es igual como sucedió el año pasado, cuando otro de los imputados, que también había pedido traslado hacia esa Jurisdicción, hizo la misma solicitud. Al  parecer, el sistema tiene los días de nuestro cumple años, el más ideal, comenzando el año para tenernos como regalo esta “belleza de compromiso”.

Cuando vemos el caso propio, nos preguntamos y a la vez nos contestamos, ¿Cuántas víctimas son las que se mantienen firmes yendo, teniendo que trasladarse a estar presentes en los casos en los cuales han sido afectados? Les digo, como experiencia que hemos visto en todos estos años, como profesional del derecho y en el caso que nos ocupa, que no todos acuden, se cansan, se hartan y simplemente dejan al amparo de los jueces, la suerte de lo que puedan hacer con la condena que obtuvieron con mucho esfuerzo, impotencia, cansancio y hasta en ocasiones, casi llegar a perder la esperanza al sistema.

Lo hemos dicho en otras ocasiones, este sistema se encuentra dise­ñado, no para proteger a la víctima o saberla acompañar o procurar por sus derechos o defensa. Está creado para los imputados y proteger todos sus derechos y hasta concederle frente a los afectados, especies de concesiones que llegan a tener un sabor de privilegio.

Nos fuimos de un Código de procedimiento criminal hasta el otro extremo, en el que la víctima tiene que cargar en sus hombros todo el caso y el sistema mismo. Es quien tiene que verificar, si en algún momento hubo traslado del imputado de su caso, porque el último el en enterarse es el propio afectado. O tiene que volver a justificar o defender su sentencia que consiguió luego de reenvíos que parecían interminables y permanecer tres a cinco o siete años, hasta culminar en la Suprema Corte, para hacer definitiva su decisión, para que luego, al poco tiempo, tener que estar visitando el país, moviéndose de un lado a otro, dependiendo donde ha solicitado el imputado ser cambiado, pero nada de esto es tomado en consideración para quien ha tenido que luchar con el peso de los años por una sanción.

La víctima en el sistema nuestro, se le exige que debe seguir siendo fuerte, para luego de luchar con muchas otras situaciones que no son del proceso, sino recuperación, terapia, buscar seguir laborando de forma normal, y encima de eso, tener que seguir estando pendiente que al imputado o imputados de su caso, no los suelten a la primera que se les ocurra o que piensen que solamente el objetivo de la pena es solo la reeducación o rehabilitación del condenado, y ¿Quién piensa en la víctima si ha tenido que pasarse parte de su vida en medio de procesos? ¿Quién piensa en la víctima cuando el sistema la deja sola y tiene que estar pendiente hasta si el expediente está comple­to?

Tenemos los últimos cinco años, luego de obtenida la decisión definitiva, que nos tomó siete años conseguirla, recogiendo distintos puntos del país, dependiendo dónde se le ha ocurrido al imputado querer trasladarse, sin el conocimiento nuestro, para entonces seguir justificando en hecho y derecho, el por qué deben permanecer y cumplir la totalidad de la pena. Es sencillo, si a nosotros, como víctima, nos hemos pasado de los más de quince años del hecho, más de diez, entre tribunales y resoluciones, para defender lo que es correcto, ¿Dónde está el derecho de la víctima o que se piensa en ella?

Este proceso, nos ha permitido comprender a cabalidad lo que sufre y padece una víctima dentro del proceso penal nuestro. Es revic­timizada una y otra vez. El sistema de hoy, se traga quien ha sido afectado. Lo único que hoy nos toca, es no rendirle de seguir ­pidiendo que se mantenga la justicia merecida basada en el daño provocado, no solo a ti, sino a la sociedad misma que también ante cada hecho horrendo, sufre ante la desconfianza, el temor y la desesperanza que crea quien se atreve a cruzar la línea de lo correcto.

Es por muchas de esas víctimas, que han perdido la fe en este siste­ma, que mañana, día miércoles 14 de enero, estaremos en San Cristóbal, celebrando nuestra nueva vuelta al Sol, defendiendo lo obtenido con sangre hace más de quince años y siete meses y dando gracias al Altísimo por estar con vida.

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