Opinion
La tiranía del activismo
Una de las esclavitudes más peligrosas de nuestro tiempo no es la pobreza ni la falta de recursos; es la tiranía del activismo. Nos ha hecho creer que una persona vale por lo que hace y no por lo que es. Nos mantiene siempre ocupados, siempre corriendo, siempre produciendo, hasta el punto de no tener tiempo para escuchar, dialogar o simplemente estar con quienes amamos.
Lo más grave es que esta tiranía ha conquistado también nuestros hogares. Las familias ya no se rompen solamente por los conflictos, sino también por la ausencia. Padres e hijos viven bajo el mismo techo, pero separados por las prisas, las pantallas y las agendas. Se comparte la casa, pero no la vida.
Cuidado: cuando el activismo nos roba el tiempo para amar, ya no somos dueños de nuestra vida; somos esclavos de nuestras ocupaciones. Y una sociedad que pierde el diálogo comienza, lentamente, a perder también su humanidad. Hasta mañana, si Dios, usted y yo lo queremos.